MANHATTAN, Nueva York, EU, 8 de septiembre de 2026.- La Organización de las Naciones Unidas cerró este martes 8 de septiembre su 80.° sesión de la Asamblea General con un llamado a transformar profundamente sus estructuras para mantenerse vigente frente a las guerras, las divisiones geopolíticas y los cuestionamientos al multilateralismo.
Annalena Baerbock, de Alemania, concluyó su mandato como presidenta de la Asamblea advirtiendo que, sin reformas de fondo, la organización corre el riesgo de perder eficacia con el paso del tiempo. La sesión terminó además con el traspaso de funciones a Khalilur Rahman, de Bangladesh, quien asumió la presidencia de la 81.° sesión.
Baerbock aseguró que, pese a un año marcado por fuertes tensiones internacionales, la Asamblea General no terminó tan polarizada como algunos anticipaban. Por el contrario, sostuvo que los ataques directos contra la institución y las disputas de poder acercaron a una amplia mayoría de los Estados miembros.
Sin embargo, la expresidenta fue enfática al señalar que esos resultados no garantizan por sí solos el futuro de Naciones Unidas.
'Sin una reforma profunda, esta organización no perdurará', afirmó al referirse a la iniciativa UN80 impulsada por el secretario general António Guterres.
Baerbock sostuvo que la ONU debe ser capaz de desprenderse de estructuras superpuestas, mandatos duplicados y una pesada mentalidad burocrática que, según advirtió, puede erosionar progresivamente la capacidad del organismo para responder a las necesidades de sus 193 Estados miembros.
Vista general del salón de la Asamblea General de Naciones Unidas durante la sesión de clausura de su 80.° período de sesiones, este 8 de septiembre en Nueva York. Crédito: ONU.
Entre los cambios emprendidos durante la sesión mencionó la reducción de tiempos de intervención, un menor número de reuniones durante la semana de alto nivel, los esfuerzos para revisar y reducir mandatos y la decisión de fusionar instituciones dentro del sistema de Naciones Unidas. Aunque reconoció que medidas relacionadas con presupuestos, estructuras o configuraciones institucionales pueden parecer meramente técnicas, defendió que en conjunto representan la disposición de la organización a 'dejar atrás aquello que ya no sirve' para responder con mayor eficacia a las personas que dependen de ella.
Baerbock insistió, no obstante, en que reformar el funcionamiento de Naciones Unidas no debe significar modificar los principios sobre los que fue fundada. Por el contrario, aseguró que modernizar la institución es una forma de proteger la Carta de la ONU en un momento en que tanto la organización como la propia idea del multilateralismo están bajo presión.
'Las Naciones Unidas y su Carta solo pueden ser tan fuertes como quienes estén dispuestos a defenderlas', manifestó al recordar las crisis en Ucrania, Gaza, Sudán y Myanmar, donde las violaciones del derecho internacional humanitario continúan afectando principalmente a la población civil.
La exministra alemana también defendió el papel que la Asamblea General ha asumido cuando el Consejo de Seguridad queda paralizado por las divisiones entre sus miembros permanentes. Durante la 80.° sesión, señaló, la Asamblea abordó las guerras en Medio Oriente y Ucrania y sostuvo debates ante situaciones en las que el Consejo no consiguió alcanzar acuerdos.
Baerbock advirtió que si las fronteras pueden modificarse mediante la fuerza o la soberanía de los Estados respetarse únicamente cuando resulta políticamente conveniente, 'ningún Estado miembro puede dormir tranquilamente'. También reivindicó la interdependencia entre paz y seguridad, desarrollo sostenible y derechos humanos.
Durante la 80.° sesión se celebraron 116 reuniones plenarias formales, 18 encuentros de alto nivel y 26 procesos intergubernamentales, además de aprobarse 317 resoluciones y abrirse un nuevo capítulo en la discusión sobre la gobernanza internacional de la inteligencia artificial.
Khalilur Rahman, de Bangladesh, presta juramento como presidente de la 81.° sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas. Crédito: ONU.
El cierre de la sesión marcó además el relevo formal en la conducción de la Asamblea. Khalilur Rahman, de Bangladesh, prestó juramento comprometiéndose a ejercer sus funciones 'con lealtad, discreción y conciencia', guiándose exclusivamente por los intereses de Naciones Unidas, su Carta y el Código de Ética de la Presidencia de la Asamblea General, sin aceptar instrucciones de ningún Gobierno u otra fuente externa. Rahman fue elegido el 2 de junio para presidir la 81.° sesión, que comienza este 8 de septiembre y se extenderá hasta el 7 de septiembre de 2027.
Baerbock entregó finalmente a Rahman el mazo que simboliza la presidencia de la Asamblea General, cerrando así un período marcado por el debate sobre cómo adaptar una institución creada hace más de ocho décadas a un escenario internacional profundamente distinto.
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