La editorial Mintzoa adquirió hace cuatro meses a un anticuario francés un ejemplar extraordinariamente raro de la primera edición, datada en 1612, del Tableau de l'inconstance desde mauvais anges et démons, del célebre jurista Pierre de Lancre, que en 1609 lideró una violenta persecución de supuestas brujas en la zona de Lapurdi, entonces perteneciente al Reino de Navarra, aunque él llamaba vascos a sus habitantes. Vascos que hablaban euskera, idioma que en su libro llegó a calificar como la "lengua de satanás", convencido de que aquellas gentes que bailaban alrededor de una hoguera, casi todas mujeres; se vestían diferente, tenían otras costumbres y hablaban de manera extraña eran un pueblo endemoniado que hacía tratos con el maligno.
Tras traer personalmente a la Comunidad Foral este volumen que incluye una lámina de un detallado akelarre inserta un año después al original, cuando se publicó en la edición de 1613, Aritz Otazu, editor de Mintzoa, lo hizo analizar por expertos, que lo autentificaron y extrajeron varias frases relacionadas con Navarra. Y es que, esa es la labor de esta editorial, rastrear libros y documentación antigua vinculada a la historia de este territorio. De ahí que cuando realiza un hallazgo de este calibre, "el subidón es tremendo", indica Otazu, que, "hasta donde yo sé", afirma que no hay otro ejemplar como este en Euskal Herria. "En Bizkaia tienen uno de la edición de 1613, pero aquí he consultado en archivos y bibliotecas y nada". Donde si está es en la Biblioteca Nacional, en Madrid, y en Burdeos, claro, donde se conserva un ejemplar con dos desplegables originales.
Uno de los cuatro tratados más importantes de demonología
El editor, que, además de acudir a ferias y eventos del libro antiguo, dispone de una red de contactos entre anticuarios, coleccionistas, instituciones que le van surtiendo de información. En este caso, "me llamó un anticuario francés que, a su vez, había adquirido el volumen en una subasta y no me lo pensé, le dije que sí enseguida". Eso sí, al igual que hace cuando aparece en algún país europeo un título que le interesa, acudió a inspeccionarlo "página por página" y se lo trajo en su propio vehículo. "Estos ejemplares hay que tocarlos, olerlos, comprobar hasta el último detalle", defiende.
Y subraya que no tuvo dudas a la hora de comprarlo porque el libro que escribió Pierre de Lancre e imprimió en París Jean Berjon, es "una de las cuatro joyas de la brujería y la demonología que se publicaron en Europa. Entre las otras tres figura el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas, de 1486, obra de Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, el libro más destructivo de su género, ya que contaba con la bula papal y combinaba teoría teológica con un manual práctico y jurídico para identificar, interrogar, torturar y ejecutar a personas acusadas de brujería y pactos demoníacos. Fue la guía para la sanguinaria caza de brujas llevada a cabo en Europa.
Por otro lado, estaba el Daemonologie, del rey Jacobo VI de Escocia (más tarde Jacobo I de Inglaterra), publicado en 1597. Se trata de un compendio único por haber sido escrito por un monarca, que en sus páginas justificó desde el punto de vista legal y filosófico la persecución de la brujería, influyendo en los juicios de la época y en la ambientación de obras de teatro como Macbeth, de William Shakespeare.
En tercer lugar, Otazu cita Compendium Maleficarium, que contiene las ilustraciones más famosas y exhaustivas sobre demonología de la época. Obra del sacerdote y erudito italiano Francesco Maria Guazzo, se publicó en 1608, poco antes de la campaña de Lancre en Lapurdi.
Vínculo con Zugarramurdi
Lo curioso del caso de Pierre de Lancre, que fue enviado a la zona por el rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, es su origen. Su verdadero nombre era Pierre de Rosteguy (Rostegi). Hijo de la familia originaria del País Vasco, su abuelo, importante viticultor de Burdeos, había amasado una gran fortuna y decidió cambiar su apellido por de Lancre porque sonaba más noble y francés, y Pierre lo heredó.
Nacido en Burdeos en 1553 y formado en Derecho, pronto entró al servicio de la Corona francesa, que en 1609 le envió a investigar la brujería en Labourd (Lapurdi), territorio de Navarra en aquel momento. Allí, en apenas cuatro meses "dirigió una investigación sin precedentes en la zona". "Según su propio relato, interrogó a centenares de personas, denunció a 46 personas -entre ellas, 12 sacerdotes-, y dio la orden de ejecutar a cerca de 35", apunta Aritz Otazu, que añade: "Sus actuaciones tuvieron enorme repercusión a ambos lados de la frontera". No en vano, las supuestas brujas que, según escribió, huían hacia España, "motivaron la última gran caza de brujas de la Inquisición española, concretamente la de Zugarramurdi, que concluyó en el Auto de Fe de Logroño de 1610.
Mujeres que "beben el zumo de las manzanas"
Por tanto, el vínculo entre la operación de Pierre de Lancre y lo sucedido en Zugarramurdi es estrecho, y, en el libro que el francés publicó en 1612, compartió todas sus impresiones sobre las gentes que vivían en la región vascofrancesa. Asimismo, recopiló testimonios con nombres y apellidos y expresó sus opiniones sobre la forma de vivir de "los vascos".
Por ejemplo, entre las testigos que acabaron confesando, "seguramente tras las torturas a las que fueron sometidas", estaba Marie de Aspilcuette, de 19 años y natural de Hendaia, o Janette de Abadie, de 14 años y nacida en Zuberoa. Casi todas las personas detenidas y juzgadas fueron mujeres, "muchas veces solas porque sus maridos, padres, hermanos, etcétera, estaban en Terranova pescando", y el juez demostró una "gran misoginia" en todo momento. "Incluso le molestaba que tuvieran sacristanas, eso le parecía que iba contra el orden natural de las cosas", indica el editor.
Como muestra, alguno de los textos del Tableau: "Las brujas se reúnen en cuerpo en el Akelarre, donde tienen trato con los demonios y beben continuamente el zumo de las manzanas, que en su lengua llaman sidra". Otra de sus frases se refería, precisamente, al idioma: "Ellas tienen una lengua propia, diferente de la nuestra, que yo tengo por cierto que es la lengua de los vascos". Y de esa lengua decía que es "la lengua de Satanás". Y es que este personaje oscuro, perverso y sanguinario llegó a designar el satanismo como un fenómeno consustancial a la cultura vasca, como si existiera una demoníaca alianza entre el diablo y el pueblo vasco, que, por tanto, era "enemigo de Francia". Por su fanatismo extremo, decenas de personas tuvieron una muerte espantosa y centenares acabaron descoyuntadas y heridas para siempre.
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