Y recortan la producción
Debido a la caída del consumo y el aumento de los costos, Antares tuvo que cerrar locales históricos y Quilmes redujo su plantel en la planta de Zárate.
La industria en la Argentina atraviesa un momento crítico y la cervecera no es la excepción. La caída del consumo, el aumento de los costos y el avance de las importaciones provocaron cierres de locales, reducción de personal y recortes en la producción.
Uno de los casos más visibles es el de una tradicional cadena de cerveza artesanal, que cerró uno de sus locales emblemáticos en La Plata y anunció el fin de las actividades de otra histórica sucursal en Mar del Plata. El consumo del sector, además, habría caído cerca de un 35% en los últimos dos años.
El establecimiento platense, ubicado en calle 56 entre 11 y 12, funcionaba desde 2005 y se había convertido en uno de los puntos de referencia del circuito gastronómico local. Según explicaron desde la empresa, la decisión estuvo vinculada a la caída en las ventas y al aumento de los costos fijos, especialmente las tarifas y los alquileres.
El ajuste de la cervecera líder en su planta de Zárate
La crisis no se limita al sector artesanal. Una gran industria también inició un proceso de ajuste en su planta de Zárate.
La empresa puso en marcha un programa de retiros voluntarios que busca reducir la dotación de trabajadores de unos 260 empleados a cerca de 80. Al mismo tiempo, la producción pasó de tres turnos diarios a uno.
Según la información difundida, la medida se produjo en un contexto de fuerte caída en las ventas y dificultades financieras vinculadas a la retracción del consumo y a la mayor competencia de productos importados.
La presión por el crecimiento de las importaciones
De acuerdo con un informe elaborado por el Centro de Investigación en Negocios y Exportación (CIEN) sobre estadísticas oficiales, las importaciones de cerveza crecieron un 293% durante los primeros cuatro meses de 2025 en comparación con el mismo período del año anterior.
El crecimiento de los productos importados intensificó la competencia en un mercado debilitado por la caída del consumo y con empresas locales que enfrentan costos operativos cada vez más elevados.
Con persianas que bajan, plantas que reducen su actividad y una demanda que sigue sin recuperarse, la crisis atraviesa a toda la cadena cervecera argentina, desde los productores artesanales hasta las grandes compañías industriales.
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