Estos eventos pueden durar desde días hasta meses y alterar la distribución de especies, las cadenas alimentarias y el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Su frecuencia e intensidad también han aumentado en las últimas décadas.
El océano también puede experimentar olas de calor marinas. Aunque no son visibles de la misma manera que las que ocurren sobre tierra, estos eventos pueden alterar las condiciones físicas y biológicas del mar durante semanas, meses e incluso años.
Según la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) ola de calor marina ocurre cuando la temperatura del océano se mantiene excepcionalmente alta para un determinado lugar y época del año. Una de las definiciones utilizadas por los científicos considera estos eventos cuando la temperatura supera el percentil 90 de los registros históricos durante al menos cinco días consecutivos.
Su duración, intensidad, extensión geográfica y profundidad determinan la magnitud de sus efectos. Y aunque el aumento de temperatura pueda parecer pequeño, para los organismos que viven dentro de rangos térmicos específicos puede significar un cambio importante en las condiciones de su hábitat.
El calor no se queda en la superficie
Cuando ocurre una ola de calor marina, el aumento de temperatura puede extenderse más allá de las aguas superficiales. Dependiendo de las características del evento, el calentamiento puede alcanzar diferentes profundidades y afectar a organismos que habitan tanto cerca de la superficie como en zonas más profundas.
A diferencia de la atmósfera, el océano absorbe y libera el calor de manera más lenta. Por eso, las anomalías térmicas marinas pueden persistir durante períodos prolongados y abarcar grandes superficies. En este sentido, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señala que estos eventos pueden extenderse durante semanas o meses y cubrir cientos de miles de kilómetros cuadrados.
¿Qué les ocurre a los animales y plantas marinas?
El aumento de temperatura puede generar estrés en distintas especies. Los organismos que no tienen capacidad para desplazarse hacia aguas más frías pueden experimentar problemas de crecimiento, salud, reproducción y supervivencia.
Entre los ecosistemas particularmente vulnerables se encuentran los bosques de algas, praderas de pastos marinos y arrecifes de coral. En estos últimos, las temperaturas elevadas pueden provocar blanqueamiento, un fenómeno asociado al estrés térmico que puede terminar afectando la supervivencia de los corales si las condiciones se mantienen durante demasiado tiempo.
Los efectos también pueden alcanzar a especies móviles. Peces y otros animales pueden modificar temporalmente su distribución y desplazarse hacia lugares donde encuentren temperaturas más favorables.
Estos movimientos pueden cambiar la composición de las comunidades marinas y generar encuentros entre especies que normalmente no comparten el mismo espacio. NOAA señala que algunas especies pueden llegar a desplazar sus rangos de distribución miles de kilómetros durante estos eventos.
Cambios en la cadena alimentaria
Una ola de calor marina no afecta únicamente a una especie aislada. Cuando cambian las condiciones del agua, pueden modificarse las relaciones entre distintos organismos y, con ello, la estructura de las redes alimentarias.
El desplazamiento o disminución de determinadas especies puede repercutir sobre aquellas que dependen de ellas como alimento. De esta manera, una alteración inicial de la temperatura puede generar efectos en distintos niveles del ecosistema.
El IPCC ha documentado que las olas de calor marinas pueden provocar cambios abruptos en la composición de las comunidades y que algunas de estas modificaciones pueden mantenerse durante años. Entre sus consecuencias se encuentran pérdidas de biodiversidad y alteraciones de las redes alimentarias.
Más calor también puede favorecer otros fenómenos
El aumento anómalo de las temperaturas del mar también puede relacionarse con otros impactos ambientales.
Entre ellos se encuentran las floraciones algales nocivas, que pueden producir consecuencias para la fauna marina y afectar actividades humanas asociadas al océano. NOAA ha documentado estos fenómenos durante distintos eventos de calentamiento marino.
Además, el calentamiento puede agravar problemas como la falta de oxígeno en determinadas zonas costeras. El IPCC advierte que el aumento de las temperaturas puede intensificar la eutrofización costera y la hipoxia, generando condiciones que afectan a los organismos marinos y pueden provocar mortalidades y alteraciones en las pesquerías.
Un fenómeno que se vuelve más frecuente
Las olas de calor marinas no son un fenómeno nuevo, pero las investigaciones muestran que han aumentado en frecuencia, intensidad y duración.
El IPCC señala que estos eventos aproximadamente se duplicaron en frecuencia desde la década de 1980 y que el cambio climático provocado por las actividades humanas ha contribuido de manera importante a esta tendencia.
En un contexto de calentamiento global, comprender estos eventos permite anticipar mejor sus efectos y fortalecer el monitoreo y la protección de los ecosistemas marinos.
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