CASA DE BOLOS

CASA DE BOLOS
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Category: Tourism
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Bizcocho — castellano / Bolo — portugués / Queque — chileno / Torta — argentino Mientras son las 21:00 en España, son las 16:00 en Brasil. Puedo extenderme desde la siesta hasta el picoteo de pre-cena; qué suerte. Cuánto espacio para la verborrea también. Si me excedo, podéis digerir el texto como un pedazo de bolo: lento, pero con gusto. Podría narraros mi viaje desde que salí de Noruega y parecerían capítulos de un libro épico. Podría exagerar mis historias hasta convertir laEpopeya de Gilgameshen un cuento irrisorio. Con laEpopeya de Alba, relato divertido y dramático, por supuesto, conformaría —para vosotros— el sentido y la idea de la realidad en la que vivo ahora. El 1 de septiembre llegué de noche —aquí, a las 19:00, el cielo está oscuro—. Controlando el aterrizaje por la cámara delantera del avión —como si yo supiera, o pudiera, dirigir el vehículo o la maniobra—, esperé a que la azafata —cansada pero amable— agradeciera haber elegidoAir Francepara volar y nos diera la bienvenida a São Paulo, para sentir los pulmones de nuevo. Decidieron abandonar la sala —mi caja torácica— justo antes del despegue. Pasé 12h de vuelo viendo películas con el pecho vacío. '¿Me perdonas? ¿Me esperas? ¡Espera 90 días! ¿Puedes? ¿Quieres? ¡Que vuelvo, eh! ¡Que yo me voy… pero que vuelvo!'. Los mismos enunciados dando vueltas. Otra vez. Soy un cacharrito de feria y estas frases son las cabinas de mi noria. ¡Bienvenidos, amigos! Adelante, subid, por favor. A la altura de la planta 22 del emblemático edificio Copan, SP (Brasil), nos encontraremos. Me gustaría deciros que es la parte más alta de la atracción, pero sé que no. La cúspide es el cielo. Cuando lo toque lo sabréis. Mientras tanto, aquí estoy, a las 4 de la mañana (las 9 en España), esperando que lleguéis para recibiros con lo que desayuno hoy: un vaso de leche de anacardo con muesli rancio y un plátano demasiado naranja. Es unabanana da terra. Saco la nariz por la ventana y aspiro. Cojo aire e hincho mis —recién reencontrados— pulmones para intentar explicaros a qué huele Brasil. No lo sé. Llevo aquí una semana; aún tengo el olfato manchado de canela y tierra mojada. El tiempo se ha dilatado. Dejo una miga de bolo cada vez que me muevo, pero las palomas, agoniosas y desesperadas, se han comido cada uno de mis pasos y ahora me pican los talones. Me he movido tanto que las he alimentado yo sola y ahora me persiguen, dominantes y exigentes. ¡Dejadme, descaradas! Id volando a la plaza de San Marcos, que allí os darán más pan y más agua. Os esperan con gracia, con las manos abiertas, llenas de comida y sin aspavientos. Id yendo, os alcanzo luego. Enciendo una vela blanca. No es por brujería sino por desesperación y esperanza. Peleo con el reloj, peleo con mi cuerpo. Agradezco al reloj, agradezco mi cuerpo. Que no se acabe nunca pero que se acabe ya. En 90 días tendré los brazos tan estirados y abiertos que me dará para abrazaros a todos a la vez. Gracias por leer El Substack de Alba ¡Bisous!

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