Andrés Fernández Díaz, nuevo vicario de Avilés-Occidente

Andrés Fernández Díaz, nuevo vicario de Avilés-Occidente
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Andrés Fernández Díaz (Pola de Siero, 1973) es el nuevo Vicario de Avilés-Occidente y el próximo sábado 26 asumirá la Unidad Pastoral de Piedras ... Blancas. Poleso, y a mucha honra, de los pies a la cabeza, presentará en unos días su tesis doctoral sobre el ámbito patrimonial en Derecho Canónico y llegará a la comarca listo para dedicarse en cuerpo y alma a la última encomienda. –¿Qué le pidió el arzobispo al encomendarle la Vicaría de Avilés-Occidente? –Lo único que me pidió fue cuidar a los curas y querer a los curas. Eso parece fácil, ¿no? Es una idea que siempre he tenido. Mi 'ser' sacerdote comenzó viendo lo que hacían otros sacerdotes, el cura de mi parroquia. Y siempre he tenido en mi corazón lo del cuidado de los compañeros, sobre todo de los mayores y de los enfermos. Todos necesitamos, por lo menos, sentirnos acompañados. Como el obispo no puede llegar a todo, somos los vicarios los que estamos un poco más cerca de nuestros compañeros. No por ser uno vicario uno deja de ser compañero, sino todo lo contrario. –Llega a una zona cuya realidad social y pastoral conoce bien. ¿Cuál cree que es hoy el principal problema de la Iglesia en Avilés y su comarca? ¿O no es diferente a la de otras zonas? –Mis primeros años de ejercicio ministerial, que fueron de 2000 a 2005, fueron los más bonitos. Fue ese primer amor que marca: Pravia y los pravianos. La parroquia de la Unidad Pastoral de Piedras Blancas tiene una historia tremenda, desde quien hizo el templo actual, don Leoncio, después Juan Manuel que lo acercó aún más y don Vicente, que también intentó, como todos hacemos, seguir acercando la iglesia a la gente. Cada uno de nosotros hacemos lo que buenamente podemos. Aunque cada zona es diferente, las necesidades suelen ser las mismas: tener presencia de Dios, ayudarnos y colaborar en lo que podamos. –Acaba de mencionar que ustedes intentan hacer cercana a la Iglesia. ¿Es esa la característica principal de su estilo? –Lo importante es que se sientan en casa. Para mí es fundamental que la feligresía, mejor dicho, la vecindad (porque hay feligreses que practican, pero hay vecinos que, aun no practicando, se sienten también cercanos a Dios) se sienta en su casa. Que vean la parroquia no como una dispensadora de sacramentos o de normas, sino como un lugar donde se pueden encontrar con un Dios encarnado. Dios se encarnó para estar cerca de nosotros. Que encuentren un sacerdote con las manos y los brazos abiertos para recibirles, acogerles, acompañarles y, en lo que pueda, orientarles. Esa es la idea que yo tengo de sacerdote y la idea que tengo de Iglesia: una Iglesia madre, que acoge, acompaña y orienta en lo posible. –Hay necesidad de sacerdotes pero, a tenor de las manifestaciones populares de la Semana Santa, parece que hay una mayor cercanía de la comunidad a la Iglesia. ¿Comparte esta visión? –En Avilés tenéis una tradición de Semana Santa y de procesiones, pero también de grupos cristianos y de comunidades vivas, de sacerdotes que han trabajado muchísimo y que siguen trabajando. Y veo que tanto adultos como jóvenes y niños se acercan a estas expresiones que, siendo populares, llevan dentro también una sed de Dios. Queramos o no, la persona tiene sed de Dios y lo que hay que hacer es ayudarles a encontrarla. Que las procesiones no se queden solo en procesiones, sino que nos lleven a lo fundamental, que es a un encuentro con Jesucristo y la Eucaristía. –Usted es especialista en Derecho Canónico y ha sido Vicario Judicial Adjunto. ¿Hasta qué punto esa formación jurídica condiciona su manera de entender la Iglesia y de ejercer ahora una responsabilidad pastoral? –Si algo me ha hecho bien estudiar Derecho Canónico es que te hace más abierto a las necesidades de la gente, más pastoral. El Derecho en la Iglesia no es algo que te constriña, es algo que te ayuda a entender la pastoral como lo que es: la salvación del alma de la gente, es decir, ayudar a la gente. Y, en eso, a mí el Derecho me ha ayudado en ello. –¿Qué papel quiere que tengan los laicos en las parroquias? ¿Está preparada la Iglesia para cederles más responsabilidad y capacidad de decisión? –No se entiende una parroquia ni las unidades pastorales sin la presencia de laicos. Como bautizados que son tienen una vocación. Los laicos tienen que ir adquiriendo papeles, pero no porque se los dé el cura. Los curas vamos pasando por las parroquias, pero las parroquias permanecen. De esta forma los laicos tienen que estar, como los curas, sirviendo a la comunidad. Aquí no hay chiringuitos. El que gobierna es Jesucristo y los demás todos servimos. Son fundamentales. –Sigue como capellán del Sporting. ¿Es usted futbolero? –Tengo algún compañero que me dice: 'Tú, en tu vida, ¿viste un balón de fútbol?' (Risas). La función de capellán del Sporting, como lo tiene entendido el club, no es simplemente un forofo sino servir tanto a jugadores y familias como a toda la afición del Sporting. Y, ojo, que hay una gran peña en Piedras Blancas. Verdaderamente lo hago con mucho cariño. –¿Hay algo de la Iglesia actual con lo que usted personalmente no esté de acuerdo o que considere que debería cambiar cuanto antes? –La Iglesia es siempre reformanda, lo dicen siempre los Santos Padres. No tiene que ir a la par que la sociedad pero tiene que ir con la sociedad, viendo lo que cada momento histórico nos pide, que es el mensaje de Jesucristo. La Iglesia es madre y las madres a veces también se equivocan y no siempre van a la velocidad de los hijos.

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