'Las inspiraciones divinas de la música, la poesía y la pintura no alcanzan la perfección por grados, como en otras ciencias, sino por inicios, y como destellos de relámpagos, una vez aquí, otra vez allí, aparecen en tierras distintas…'
Por María del Ser
Pierre de Ronsard, Dedicatoria del Livre des mélanges, 1560
El rápido y cada vez más desarrollado intercambio de materiales culturales y de información hizo posible uno de los rasgos más característicos de la cultura contemporánea que también se puede apreciar en la arquitectura de los siglos XX y XXI: su penetrante pluralismo, tanto en principios estéticos como en técnicas prefijadas. Una mezcla ecléctica de materiales y características precedentes de una enorme fuente de recursos y posibilidades estéticas y técnicas. Esta diversidad que se hizo cada vez más evidente. Por mencionar un ejemplo, en pintura, el Expresionismo abstracto —movimiento artístico que predominó en la década de 1950—, dio paso, en la década de 1960, a una nueva corriente de estilos: pop art —con Andy Warhol—, op-art, minimalismo, arte conceptual, earth art,found art, realismo fotográfico, neoexpresionismo… Y era precisamente en este contexto en el que recordaba el poeta Charles-Ferdinand Ramuz a Igor Stravinski, comparando su escritorio y su mesa de trabajo con el maletín de un cirujano: '[…] botellas de diferentes colores, tintas ordenadas jerárquicamente por intensidades, gomas de borrar de variadas formas y tamaños, y toda suerte de instrumentos metalizados: plumas, cuchillos, rodillos y hasta un artilugio rodante, inventado por el propio Stravinski para delinear pentagramas. No puedo por menos que recordar la definición de Santo Tomás: la belleza es el esplendor del orden'. Stravinski consideraba que el arte es constructivo por esencia, y que la revolución implica una ruptura de equilibrio: 'quien dice revolución dice caso provisional, y el arte es lo contrario del caos. No se abandona a él sin verse inmediatamente amenazado en sus obras vivas, en su misma existencia. La cualidad de revolucionario se atribuye generalmente a los artistas de nuestros días con una intención laudatoria, sin duda porque vivimos en un tiempo en el que la revolución goza de una especie de prestigio en medio de una sociedad anticuada'. En su criterio, juzgar, discutir, y criticar el principio de voluntad especulativa que se encuentra en los orígenes de toda creación es de manifiesta inutilidad porque, en su estado puro, la música es una especulación libre. Por su parte, los creadores de todos los tiempos han sido siempre portadores del testimonio de este concepto. En este sentido, la tradición resulta de una aceptación consciente y deliberada, y una tradición verdadera anima e informa al presente. Así, lejos de involucrar la repetición de lo pasado, la tradición supone la realidad de lo que dura, de lo que permanece.
Estas cuestiones enlazan también con la idea de la actualización, de ese trasladar a los oídos del siglo XXI lo que se escuchaba siglos atrás con sus cambiantes contextos, ya que, en criterio de Nikolaus Harnoncourt 'para la permanencia de la espiritualidad y de una experiencia estética completa es de una importancia decisiva vivir con nuestra cultura'. Además, presupone una reconsideración y una revisión constante para que las obras del pasado 'vuelvan a verse en toda su diversidad apasionante y transformadora'. Esto nos sitúa ante el hecho no de redescubrir un repertorio sino de abordar una nueva modalidad de interpretación centrado en el gran cúmulo de posibilidades que presenta el proceso creador. Puede asumirse también como una búsqueda de respuestas, de un itinerario personal de descubrimiento que enriquece no solo a los intérpretes sino a los públicos. En este sentido, si la lógica es la ciencia del razonamiento válido, si razonar es inferir e inferir es desprender una proposición o una propuesta, su absoluta validez recae, o se encuentra, en el seno de las estrechas relaciones que existen entre la evolución social, cultural y, desde luego, económica de nuestra época y de las nociones atemporales del arte, el genio y lo universal. Un planteamiento que enlaza con los objetivos de la trigésimo cuarta edición del Otoño Musical Soriano que comienza el próximo 10 de septiembre. Apoyado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Soria y, en un cierto sentido, como agente de una conversación reflexiva de la sociedad con su situación en un contexto institucionalizado, su origen y desarrollo nos hace pensar en una afinidad electiva. También, en esa belleza oculta del hecho sonoro en función de sus escenarios y en su símil con la definición de David Whyte sobre el genio del recuerdo humano que considera la creación misma a partir de la experiencia para asentarse en la memoria a partir de nuestra identidad.
Sus principios enlazan también con el ámbito educativo, en el que se han categorizado y enumerado las formas de reflexión. Diversos autores lo han hecho en función de la unión o bien separación del pensamiento y la acción aludiendo, concretamente, a cuatro. La primera de ellas, denominada retrospección o reflexión interiorizada personal, se expresa haciendo explícitos pensamientos y sentimientos, tomando distancia respecto de la acción. La segunda, el examen, es una forma de reflexión que implica una referencia a sucesos que ocurrieron o que pueden ocurrir en el futuro. La indagación o investigación-acción, como tercer tipo, implica analizar su práctica e identificar estrategias para mejorarla, introduciendo la noción de compromiso y, por último, la cuarta, reflexión en la acción, relacionada con la práctica, que asume el concepto de espontaneidad. Esta unión y combinación de las cuatro formas exige una apertura intelectual y racional que encuentra en esta cita anual un gran ejemplo de ese dar lugar a iniciativas y consideraciones activas, persistentes y cuidadosas que, además, ha supuesto una experiencia muy enriquecedora a nivel académico, personal y social.
Nos situamos ante un ejemplo claro de cómo el contenido se convierte en argumento elaborando otro tipo de discurso, contribuyendo a la inspiración de los intérpretes; a su imaginación y creatividad surgiendo ese perfecto ajuste a las cuestiones técnicas y grado de conciencia artística al establecerse un circuito multidireccional de significación que permite determinar diversas categorías en su cadena enunciativa. Al adoptar una perspectiva sistémica aparecen los grandes valores que sustentan el reconocimiento de un proyecto: las relaciones, los elementos técnicos, los gustos, la factura instrumental y vocal, y el impacto y el poder sobre los públicos. Igualmente, en esa llamémosle reinterpretación, se abordan dos elementos clave: el establecimiento de un hilo conductor como base de un discurso sonoro —y, por qué no, narrativo—, y la contribución al enriquecimiento y ennoblecimiento del amplio y variado patrimonio musical. Cuestiones que nos conectan al mismo tiempo con algunos de los preceptos que Henri Barzunaplica a la poesía pero que en esta ciudad castellanoleonesa emergen con excelencia ya que a todas las creaciones se les otorga una nueva presencia y vuelven a brillar bajo una luz distinta.
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