Elon Musk es "extremadamente
peligroso para las democracias de todo el mundo" y utiliza su
enorme poder económico y tecnológico para impulsar "una agenda
global de derecha", denunció hoy el documentalista
estadounidense Alex Gibney al presentar "Musk", su nueva
película sobre el hombre más rico del planeta, en el Festival de
Cine de Venecia.
Gibney, ganador del Oscar en 2008 por "Taxi to the Dark
Side", reconstruye en tres horas la trayectoria del magnate,
desde SpaceX y Tesla hasta la compra de Twitter, ahora X, su
relación con Donald Trump y su incursión directa en la política
estadounidense.
"Su apoyo a los partidos de derecha, desde Alemania hasta
Turquía, desde Gran Bretaña hasta Brasil, está relacionado con
su ideología, pero también con razones económicas", afirmó el
cineasta neoyorquino de 72 años.
Según Gibney, "muchos de estos gobiernos de derecha tienden
a ser más maleables".
"Es más fácil obtener los resultados deseados con
administraciones totalmente corruptas y venales, carentes de
autocontrol y de mecanismos internos de supervisión. Creo que
está llevando adelante una agenda global de derecha", sostuvo.
Presentado fuera de competencia, "Musk" está dividido en
capítulos y recorre a ritmo acelerado la vida personal y
empresarial del multimillonario.
La película aborda desde su difícil infancia, marcada según
el relato por el bullying y la relación con un padre abusivo,
hasta la creación de su imperio empresarial, sus numerosos
hijos, la conquista de Twitter y su alianza política con Trump.
Gibney construyó el documental a partir de documentos,
material de archivo y decenas de testimonios de antiguos
colaboradores, amigos, adversarios y periodistas que
investigaron al empresario.
Entre ellos aparece Zoe Schiffer, autora de investigaciones
sobre X y Musk, además de integrantes de la propia familia del
magnate, como su primera esposa Justine Wilson, su padre Errol
Musk y su hermano.
Un papel central corresponde a Ashley St. Clair, influencer
y comentarista política que estuvo vinculada durante años con la
derecha y el movimiento MAGA y que posteriormente se distanció
de ese espacio.
St. Clair demandó a Musk después de afirmar que el
empresario era el padre de su hijo, una disputa que desató una
ola de insultos y amenazas contra ella en las redes sociales por
parte de seguidores del magnate.
El documental presenta ese fenómeno como parte de lo que
denomina "el culto a Musk". St. Clair afirmó en Venecia que le
ofrecieron 40 millones de dólares a cambio de guardar silencio.
"Cuando te ofrecen una suma así, realmente te hace pensar
sobre el significado de lo que dices, sobre su valor y sobre por
qué alguien querría ofrecerte tanto dinero para que permanezcas
callada", declaró.
Gibney utiliza incluso recursos propios de los videojuegos
para narrar la historia. Un avatar humorístico de Musk creado
con inteligencia artificial, con una cabeza enorme y un cuerpo
pequeño, aparece a lo largo de la película reproduciendo algunas
de sus declaraciones más controvertidas.
"Mientras trabajaba en la película comprendí que, dejando de
lado los elementos tecnológicos, la historia de Musk es como un
vino viejo puesto en una botella nueva", afirmó el director.
"Termina siendo la historia de un estafador, de un manipulador
del mercado bursátil".
Gibney destacó además el temor que, según dijo, encontró
entre muchas de las personas a las que intentó entrevistar.
"Una de las cosas que más me impresionó, especialmente al
comienzo, fue el enorme miedo de la gente a hablar. Es casi un
miedo existencial, tanto entre sus críticos como entre sus
colegas de negocios o sus amigos", explicó.
El tramo políticamente más explosivo del documental se
concentra en la relación entre Musk y Trump y plantea
interrogantes sobre una eventual participación del magnate en
las elecciones legislativas de noviembre.
Musk dirigió durante el segundo mandato de Trump el
Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), creado para
reducir el tamaño y el gasto de la administración federal.
Gibney sostiene que durante aquella etapa los colaboradores
del empresario, conocidos como los "Doge Boys", obtuvieron
amplios niveles de acceso a sistemas y bases de datos de
distintas agencias federales.
"Eso significó que tuvieron acceso a una cantidad
extraordinaria de datos sobre todos los ciudadanos
estadounidenses", afirmó.
El director planteó entonces la posibilidad de que esa
información pudiera eventualmente ser procesada mediante
inteligencia artificial con fines electorales, aunque reconoció
que se trata de una hipótesis y no presentó pruebas de que eso
esté ocurriendo.
"Es posible que puedan hacer que la inteligencia artificial
examine esos datos para influir en las elecciones. Me parece una
hipótesis plausible", sostuvo.
El documental concluye precisamente interrogándose sobre la
posibilidad de que Musk vuelva a ayudar políticamente a Trump en
las elecciones de medio término.
Para Gibney, sin embargo, el problema excede al propietario de
Tesla, SpaceX y X.
"Musk está en el centro, pero todos estamos involucrados en
su historia porque hemos permitido que él y muchos otros
magnates tecnológicos acumulen un poder enorme", afirmó.
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