La gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, presentó como uno de los avances de su administración la estrategia para enfrentar el arribo masivo de sargazo, con una inversión estatal de 765 millones de pesos y gestiones ante la presidente Claudia Sheinbaum para obtener otros 2 mil 600 millones de pesos. Sin embargo, habitantes de distintas localidades cuestionan que el discurso oficial describa una realidad que no corresponde con lo que observan diariamente en las playas.
El manejo de la macroalga se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre el gobierno y residentes, debido a las condiciones que persisten en algunos litorales. Vecinos señalan acumulaciones de sargazo retirado mediante maquinaria, montículos que permanecen durante periodos prolongados y procesos de descomposición que generan malos olores y favorecen la presencia de moscas y mosquitos, mientras los líquidos producidos por la descomposición terminan filtrándose hacia la arena.
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La utilización de maquinaria para retirar el sargazo también es señalada por residentes como un factor que puede contribuir a la erosión del litoral cuando las labores se realizan directamente sobre la playa. A las afectaciones visibles se suma el sargazo que permanece hundido en determinadas zonas, donde termina formando una capa semejante a pasto marino que, al ser pisada, libera un olor desagradable descrito por habitantes como similar al de una cloaca.
Lezama sostuvo que la entidad ha enfrentado el problema mediante una estrategia basada en ciencia, ingeniería e infraestructura, además de destacar la coordinación con la Secretaría de Marina, el sector empresarial y los hoteles. La gobernadora afirmó que los recursos gestionados con la presidente permitirán ampliar la captura de la macroalga en el mar mediante embarcaciones, barreras, recolección y aprovechamiento.
El gobierno estatal también presume el Centro Estatal de Monitoreo Ambiental como una de sus principales herramientas para anticipar los arribos. De acuerdo con Lezama, el sistema utiliza imágenes de 10 satélites de la Agencia Espacial Europea, vigila más de 140 playas y genera pronósticos diarios para mejorar la capacidad de respuesta ante la llegada del sargazo.
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El problema para la narrativa oficial es que la existencia de tecnología de monitoreo y mayores recursos no necesariamente se traduce en playas libres de afectaciones. Residentes cuestionan precisamente la distancia entre los anuncios de inversión y las condiciones que enfrentan comunidades costeras, particularmente cuando las labores de recolección dejan residuos acumulados, olores y materia orgánica en descomposición.
La crisis tampoco se limita al sargazo. Empresarios hoteleros han advertido sobre una reducción de la ocupación en Quintana Roo, vinculada con factores como la menor disponibilidad de vuelos, el comportamiento del tipo de cambio y la expansión de las rentas vacacionales. El sector ha reclamado una mayor inversión en promoción turística y una estrategia coordinada entre los gobiernos estatal y federal para recuperar visitantes.
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La inseguridad constituye otra de las preocupaciones señaladas por residentes, mientras persiste el cuestionamiento sobre el destino y los beneficios sociales de los recursos obtenidos mediante impuestos asociados al turismo internacional. Para quienes viven en las zonas turísticas, la percepción de que el crecimiento de la actividad no se refleja suficientemente en empleo, seguridad y condiciones urbanas contrasta con el discurso de recuperación y transformación que sostiene el gobierno estatal.
El deterioro de la ocupación hotelera y los problemas ambientales colocan al Caribe mexicano ante una combinación particularmente delicada: el destino depende de playas en buenas condiciones para sostener su principal industria, mientras empresarios ya reportan afectaciones que han llevado incluso a cierres temporales de algunos establecimientos. La disputa no está únicamente en cuánto dinero se anuncia para combatir el sargazo, sino en qué resultados concretos perciben quienes viven y trabajan frente al litoral.
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