Viet Tran y Seth Robertson desarrollaron en George Mason University un prototipo que empleaba ondas sonoras de baja frecuencia para extinguir pequeñas llamas.
Viet Tran y Seth Robertson desarrollaron en George Mason University un dispositivo que concentraba ondas de baja frecuencia sobre pequeñas llamas; investigaciones posteriores confirman el potencial del fenómeno, aunque la tecnología continúa enfrentando importantes límites de alcance, potencia y seguridad.
Dos estudiantes de ingeniería demostraron que una llama pequeña podía apagarse sin agua, espuma ni polvo químico: bastaba dirigir hacia ella un sonido grave generado con suficiente potencia. El experimento ocurrió en 2015 en George Mason University, Virginia, y convirtió a Viet Tran y Seth Robertson en protagonistas de uno de los prototipos universitarios más llamativos de aquel año.
Su aparato utilizaba ondas sonoras de baja frecuencia. El prototipo pesaba aproximadamente 20 libras —unos nueve kilogramos— y surgió como proyecto final de ingeniería después de alrededor de un año de pruebas y unos 600 dólares aportados por los propios estudiantes, según la universidad.
La demostración era sencilla pero contundente: encendían una pequeña cantidad de combustible, apuntaban hacia la llama un tubo conectado a un altavoz y, al activar la frecuencia adecuada, el fuego desaparecía en segundos. TIME documentó aquella prueba en marzo de 2015.
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Cómo lograron apagar una llama con sonido
Tran y Robertson comenzaron probando frecuencias muy altas, incluso de decenas de miles de hertz. Lograban que la llama vibrara, pero no que se extinguiera. El resultado cambió cuando redujeron la frecuencia.
En sus experimentos encontraron un rango útil de aproximadamente 30 a 60 hertz, comparable con los tonos graves que produce un subwoofer. El sistema incluía un generador de frecuencia, un amplificador, una fuente eléctrica, un altavoz y un tubo que concentraba el efecto hacia una zona específica.
En 2015, los propios estudiantes explicaban el fenómeno diciendo que las ondas de presión alteraban el aire alrededor de la llama y dificultaban el contacto estable entre combustible y oxígeno.
Sin embargo, investigaciones posteriores han permitido describir el proceso con mayor precisión.
Una revisión científica publicada en 2025 en la revista Fire concluyó que las ondas de baja frecuencia, particularmente alrededor de 40 a 80 hertz en diferentes experimentos, pueden desestabilizar la combustión mediante perturbaciones del flujo de aire. La eficiencia no depende únicamente de la frecuencia: también influyen la presión sonora, la forma de la onda, la distancia y el tipo de llama.
Es decir, no se trata simplemente de que el sonido 'quite' todo el oxígeno del fuego.
Las vibraciones y corrientes de aire inducidas pueden deformar la llama, separar temporalmente la zona de combustión de su combustible y aumentar su inestabilidad hasta provocar que se apague.
Un estudio de Scientific Reports publicado en diciembre de 2024 demostró, mediante otro sistema acústico, que el llamado flujo acústico o acoustic streaming podía generar movimiento de aire suficiente para extinguir una llama de vela. Los propios investigadores señalaron, no obstante, que uno de los principales problemas sigue siendo conseguir suficiente intensidad acústica a distancia.
EL IMPARCIAL también ha documentado recientemente un proyecto mexicano basado en este mismo principio: una estudiante del CETis 78 de Tamaulipas desarrolló un sistema experimental de supresión de incendios mediante ondas acústicas, destinado igualmente a pequeñas llamas y todavía dentro del terreno experimental.
El prototipo costó 600 dólares y todavía tenía importantes limitaciones
La demostración de Tran y Robertson podía dar la impresión de que habían encontrado una alternativa inmediata al extintor tradicional. Los propios reportes de 2015 mostraban una realidad mucho más limitada.
Las primeras pruebas documentadas se realizaron principalmente con pequeñas llamas producidas con alcohol isopropílico. Todavía faltaba saber si el mecanismo podía funcionar de manera confiable con materiales sólidos, combustibles distintos, fuegos estructurales y llamas mucho mayores.
También existía otro problema fundamental: el sonido no enfría necesariamente el material que está ardiendo.
Un agente convencional puede extinguir una llama y, dependiendo de su tipo, ayudar a enfriar o aislar el combustible. En un sistema acústico, un objeto que continúe muy caliente podría volver a encenderse después de que cesara el sonido. Esa posibilidad ya era señalada como una de las cuestiones pendientes cuando el proyecto comenzó a recibir atención internacional.
La investigación moderna tampoco ha eliminado esos obstáculos. La revisión de 2025 sobre extinción acústica advierte que todavía existen interrogantes sobre su adaptación a combustibles sólidos, ambientes complejos y distintas escalas de incendio. Incluso las ondas sonoras, bajo determinadas condiciones, pueden favorecer la combustión en lugar de extinguirla.
Por eso, hacer sonar música con mucho volumen o apuntar una bocina doméstica hacia un incendio no constituye un método seguro de extinción.
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¿Qué ocurrió con la patente?
Cuando George Mason University presentó públicamente el proyecto en febrero de 2015, informó que Tran y Robertson habían presentado una solicitud provisional de patente con ayuda de la oficina de transferencia tecnológica de la universidad. Ese procedimiento les daba un periodo para divulgar, probar y evaluar comercialmente la idea antes de decidir cómo continuar con la protección de propiedad intelectual.
La propia universidad señala actualmente en su cronología histórica que posteriormente ayudó a los inventores a obtener una patente, que ambos constituyeron una empresa y que incluso llevaron la demostración a The Tonight Show Starring Jimmy Fallon.
Esto es importante porque la referencia a una 'patente preliminar' corresponde específicamente al estado que tenía el proyecto cuando comenzó a hacerse conocido en 2015.
Por qué todavía no sustituye a un extintor
Once años después de aquella demostración, extinguir llamas mediante ondas acústicas sigue siendo un campo activo de investigación y no un reemplazo general de los equipos certificados contra incendios.
Los estudios han confirmado que el fenómeno físico es real y han ensayado nuevas formas de concentrar energía acústica. Pero siguen existiendo desafíos en alcance, potencia necesaria, tamaño del fuego, diferentes combustibles, enfriamiento posterior y exposición humana al sonido intenso.
Un ejemplo extremo aparece en el experimento publicado en Scientific Reports en 2024: para extinguir remotamente una vela mediante ondas acústicas enfocadas, los investigadores necesitaron una presión sonora muy elevada en el punto de concentración. El trabajo logró demostrar otra ruta técnica para apagar llamas, pero al mismo tiempo muestra por qué trasladar estas tecnologías a incendios cotidianos no es sencillo.
La evolución reciente del tema puede verse también en México. El proyecto de una alumna tamaulipeca retomó la idea de utilizar ondas acústicas contra pequeñas llamas, una señal de que el concepto continúa siendo atractivo como área de experimentación e ingeniería más que como sustituto inmediato del equipo tradicional.
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Lo que realmente demostró el extintor acústico
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