'El Estado todavía no nos dijo dónde están'

'El Estado todavía no nos dijo dónde están'
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Category: Politics
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Cuando fue secuestrado de la casa de sus padres, Horacio Ungaro tenía 17 años. Era el más chico de cuatro hermanos y estaba durmiendo en su cama antes de ir al colegio, el Normal 3 de la ciudad de La Plata. Corría el mes de septiembre de 1976 y su hermana Marta, que en ese entonces tenía 27 años, vivía en un departamento contiguo. Hoy, a 50 años de la Noche de los Lápices, ella recuerda cada detalle de esa mañana. Otra de sus hermanas, Nora, también fue secuestrada días después. Tras pasar por distintos centros clandestinos y sufrir torturas, la liberaron. Marta dialogó con Caras y Caretas en la previa de un nuevo 16 de septiembre. –¿Cómo fue el día que se llevaron a Horacio? –El día del secuestro mi mamá nos vino a avisar. Dijo que a Horacio se lo había llevado el Ejército. Nosotras fuimos enseguida al departamento, y vimos todo dado vuelta. El día anterior yo había estado con Horacio y él tenía en su mesita de luz el diario del Che y un manual de filosofía de Politzer. Me acuerdo que le dije: 'Horacio, ¿estás leyendo estos libros?'. 'Sí, estoy leyendo, pero a mí los libros nunca me los van a agarrar si me detienen, porque yo los voy a tirar', me respondió. Esa madrugada fui a su habitación y vi la ventana un poco abierta, era un quinto piso. Corrí al balcón y me acuerdo que ya estaba amaneciendo. Eran cerca de las 6. Miré para abajo y vi que estaban los libros. Corrí a buscarlos y los conservo hasta el día de hoy. –Ese día también se llevaron a Daniel Racero, ¿cierto? –Él estaba durmiendo en casa. Se había quedado porque su abuela estaba enferma en Bahía Blanca y su mamá había viajado a verla. Era compañero de militancia. Enseguida se contactaron con nosotros los padres de Falcone, Nelva y Jorge Falcone, y empezamos a hacer los trámites juntos y nos fuimos enterando de otros chicos que habían desaparecido. No conseguimos abogado que nos patrocinara para hacer un habeas corpus, ya que unos días antes habían sido asesinados en La Plata Sergio Karakachoff, un abogado radical, y también Domingo Teruggi, que era peronista. Ellos tenían el estudio juntos y habían aparecido sus cuerpos en Punta Lara. Era tal el terror de los abogados que nadie quiso patrocinarnos. –Después se llevan a su hermana. ¿Qué cuenta ella de esos días en los que estuvo secuestrada? –Mi papá, que era ingeniero y doctor en física, nada que ver con el derecho, por derecho propio redactó el primer habeas corpus que presentamos por Horacio al día siguiente. Todavía tengo la copia. A los 15 días nos dividimos las tareas: yo fui al juzgado a ver la respuesta del habeas corpus, y Nora va a la casa de Daniel Racero, a ver qué trámites había hecho la madre, que enseguida volvió de Bahía Blanca. Pero en el momento en que entra a la casa de Daniel, Nora es secuestrada. La tienen secuestrada ahí un rato y después se la llevan a lo que fue Arana. Ahí es torturada y también en el Pozo de Quilmes. Eso ocurre dos semanas después de que secuestraron a Horacio. Durante esos días se encuentra con diferentes personas que habían estado cautivas, que habían estado con Horacio. Y los mismos carceleros del Pozo de Quilmes decían: 'Aquí pasaron los chicos del boleto'. Cuando a ella la liberan, 15 días después, pensó que Horacio estaba en casa. Pero Horacio no estaba. Cuando Nora salió, mi papá hizo que anotara todos los nombres de las personas con las que había estado. Ella fue trasladada con Nilda Eloy, así que fuimos a la casa de Nilda a ver a su familia para avisarles que estaba viva. –Su mamá fue Madre de Plaza de Mayo. ¿Cómo llegó ella a esa organización y qué importancia tuvo? –Se incorpora enseguida cuando se fundan las Madres de Plaza de Mayo. Ella trabajaba como auditora en el Ministerio de Economía y un día de octubre de 1984, cuando salía del ministerio para ir a la ronda de las Madres en La Plata, es atropellada por un auto. No alcanzó a ver ni el juicio, pero fue de las primeras Madres. Fue muy conmocionante porque el cajón lo llevaron sus compañeras. Eran muy jóvenes todavía. –Usted fue querellante y testigo en los juicios. ¿Qué significó poder declarar? –Mi hermana Nora fue testigo en el Juicio a las Juntas, y después fuimos declarando en el juicio Camps y en todos los juicios que se fueron realizando por los chicos en España, con el juez Baltasar Garzón. In el juicio de Italia también, porque nuestro apellido es de nacionalidad italiana. Para mí fue muy importante porque, no solamente llevé la historia de mi hermano como querellante, sino de cada uno de los casi 350 menores que están desaparecidos en todo el país. Si bien se conoció la Noche de los Lápices, existió en muchísimos lugares: en Santa Fe, Córdoba, Rosario, Buenos Aires, Lomas de Zamora con la división perdida, Lanús. Hubo un secuestro sistemático de menores de edad. Eran casi infancias, porque María Claudia Falcone tenía 15 años, Francisco López Muntaner tenía 14, Horacio 17. Cuando me tocó declarar juré por los 30 mil desaparecidos y sobre la foto de mi mamá con el pañuelo puesto. –¿Qué deudas cree que todavía tiene el Estado con los familiares? –Muchas. No sabemos dónde están. Yo salí a buscarlo el 16 de septiembre de 1976 y no lo encontré. De eso se cumplen 50 años. Son muy pocos los responsables que están presos. El Estado debe mucho a la memoria, a la verdad y a la justicia. Nosotros pudimos llegar a la condena en el Pozo de Banfield gracias a que encontramos en Mar del Plata a Juan Miguel Wolk, el responsable de ese centro, que se había hecho pasar por muerto durante 25 años después de ser condenado en el Juicio a las Juntas. Estaba en el Bosque Peralta Ramos, como vecino de Etchecolatz. Y después de casi 15 años de que estuvo detenido, se prófugo. Lo volvieron a encontrar, quedó imputado, el juicio se postergaba y hace 2 años y medio tuvimos sentencia y condena. Pero nunca estuvo presente, siempre fue por Zoom, y está en arresto domiciliario viviendo la oportunidad que los chicos no tuvieron. Él sabe dónde están los bebés apropiados en Banfield que todavía se están buscando, como el hermano de Clarita Petrakos y otros que nacieron en cautiverio. * (El 22 de agosto, mientras esta nota estaba en proceso de edición, Wolk falleció). –El boleto estudiantil y el derecho a estudiar vuelven a estar en tela de juicio. De hecho, el gobierno de Milei no cumple con la ley y sigue desfinanciando a la educación. ¿La lucha de su hermano sigue vigente? –El desfinanciamiento de la universidad, de la educación pública, el abandono de los chicos que no terminan el colegio. Por supuesto que hay una deuda muy grande y un desfinanciamiento que está haciendo el gobierno de Milei que es terrible. La única salida es la lucha en las calles. El boleto es un derecho, pero no sé si los chicos hoy saben que costó vidas, sangre, y eso tenemos que recordarlo. –Hay jóvenes que no saben qué fue la Noche de los Lápices. ¿Qué les diría sobre por qué es importante recordarlo? –A ellos les diría que el futuro está en sus manos. Que ellos tienen que construirlo, que son los dueños de los lápices y que tienen que seguir escribiendo la historia. Que defiendan todos sus derechos, sus ganas de vivir, su derecho a la música, al arte, al trabajo. Son los hombres del mañana, van a elegir y van a votar. Ellos tienen la vida, los chicos ya no la tienen. Etiquetado La Noche de los Lápices

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