El Reino Unido anunció este martes un endurecimiento de su política hacia Israel, con medidas comerciales y sanciones dirigidas contra los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada. El anuncio fue realizado por el canciller británico Ed Miliband ante la Cámara de los Comunes, en un giro que profundiza las diferencias entre el gobierno de Keir Starmer, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y la administración de Estados Unidos.
La decisión adquiere una particular relevancia para la Argentina porque se produce en momentos en que el gobierno de Javier Milei endureció su posición frente a empresas vinculadas con la explotación petrolera en las Islas Malvinas, entre ellas la israelí Navitas Petroleum, operadora del proyecto Sea Lion junto a la británica Rockhopper Exploration.
El vínculo no implica, por ahora, un cambio de posición británica sobre la soberanía de Malvinas. De hecho, el mismo martes, la ministra británica para las Américas, Kirsty McNeill, ratificó ante parlamentarios que el Reino Unido mantiene una posición inamovible sobre su soberanía sobre las islas Malvinas.
Qué anunció el canciller británico
Miliband sostuvo ante el Parlamento que el Reino Unido ya no puede limitarse a condenar la situación en Cisjordania y que debe adoptar medidas concretas.
Entre los anuncios se encuentra la prohibición de importar productos elaborados en los asentamientos israelíes de Cisjordania, además de medidas contra empresas e individuos que contribuyan a su expansión. Reino Unido coordinará estas acciones con Francia y Canadá.
El paquete contempla también medidas sobre compañías que proporcionen servicios vinculados con los asentamientos, incluidos servicios financieros y de construcción, así como restricciones relacionadas con la publicidad y comercialización de propiedades ubicadas en esos territorios.
El gobierno británico sostiene que los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados son ilegales según el derecho internacional. Esa posición ya había sido expresada por administraciones británicas anteriores y no constituye, por sí misma, un cambio de postura sobre la existencia del Estado de Israel.
Miliband habló de limpieza étnica
Durante su intervención, el canciller británico endureció también el tono político y acusó a grupos de colonos israelíes de llevar adelante una política de limpieza étnica, al tiempo que cuestionó la respuesta del gobierno de Netanyahu.
Miliband afirmó que la ocupación israelí de Cisjordania es ilegal y planteó que la expansión de los asentamientos constituye una amenaza para la posibilidad de alcanzar una solución de dos Estados.
El anuncio representa un nuevo deterioro en la relación entre Londres y el gobierno israelí. Israel respondió con medidas contra el Reino Unido, entre ellas restricciones diplomáticas que incluyen el cierre de su consulado en Jerusalén Este y la prohibición de ingreso para ciudadanos británicos.
Estados Unidos, en tanto, se mostró contrario a seguir el camino adoptado por Londres y dejó en claro que no acompañará las nuevas sanciones británicas.
El punto de contacto con Malvinas
El giro británico adquiere una dimensión particular para Argentina por la participación de capitales israelíes en el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado en aguas próximas a las Islas Malvinas.
La iniciativa está encabezada por Navitas Petroleum, compañía israelí que posee el 65% del proyecto, mientras que la británica Rockhopper Exploration controla el 35% restante. Argentina considera ilegítimas las licencias otorgadas para la exploración y explotación de hidrocarburos en el área.
El gobierno de Milei anunció recientemente un endurecimiento de las sanciones contra empresas que participen en actividades de exploración y explotación de recursos naturales en las islas sin autorización argentina. También anunció acciones judiciales contra compañías vinculadas con esas operaciones.
La particularidad es que una empresa israelí quedó directamente involucrada en uno de los principales focos de la actual disputa entre Argentina y el Reino Unido por Malvinas, mientras que Londres acaba de adoptar una postura mucho más dura contra las actividades económicas relacionadas con los asentamientos israelíes.
Sin embargo, no existe hasta el momento ningún anuncio británico que vincule las nuevas sanciones contra los asentamientos israelíes con su política hacia Malvinas. Se trata de dos cuestiones diferentes en términos jurídicos y diplomáticos.
Londres mantiene su posición sobre las Malvinas
El endurecimiento de la política británica hacia Israel tampoco significa un cambio en la posición histórica del Reino Unido sobre las islas.
Este mismo martes, la ministra británica Kirsty McNeill respondió en la Cámara de los Comunes a preguntas relacionadas con las recientes declaraciones de Milei y reafirmó que Londres considera que no existe ninguna duda sobre su soberanía sobre las Falkland Islands.
McNeill también sostuvo que el Reino Unido mantiene su compromiso con los habitantes de las islas y señaló que Washington conoce y respalda la posición británica sobre la soberanía.
Por eso, aunque el nuevo escenario abre interrogantes sobre las relaciones entre Reino Unido, Israel, Estados Unidos y Argentina, no hay elementos para afirmar que Londres haya modificado su posición respecto de Malvinas.
Una situación que puede generar un escenario diplomático particular
El contexto internacional coloca a los cuatro países en posiciones que pueden resultar políticamente incómodas.
Por un lado, el Reino Unido mantiene una alianza histórica con Israel y Estados Unidos, pero el gobierno laborista está adoptando medidas cada vez más severas contra la política de asentamientos israelíes.
Por otro, Argentina mantiene una relación estrecha con Israel bajo la administración de Milei, pero al mismo tiempo enfrenta a empresas de capital israelí por su participación en la explotación de hidrocarburos en Malvinas. Reuters señaló que las acciones argentinas sobre el proyecto Sea Lion alcanzan a empresas y personas vinculadas con esas operaciones.
En paralelo, la administración de Donald Trump mantiene una posición cercana a Israel y ha generado incertidumbre en torno a su tradicional postura sobre la disputa por las Malvinas.
Por ahora, el Reino Unido no modificó su posición sobre el archipiélago, pero el nuevo escenario internacional suma un elemento más a una disputa que volvió a ganar protagonismo político y diplomático en las últimas semanas.
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