'¿C
ausas? Empresas neocolonialistas y chapuceras, ausencia de figuras con arrastre, desaparición casi total del tema en prensa, radio y televisión, pérdida de la emoción que genera el verdadero toro de lidia, no el postrado y dulzón postoro de lidia mexicano (Reiba dixit). Y dos o tres generaciones perdidas de posibles aficionados', comienza el taurófilo poblano Benjamín Arteaga.
'Han fallado empresarios, ganaderos, toreros, apoderados, comunicadores y la afición, con la cuota de responsabilidad que a cada uno nos corresponde, lo mismo el aficionado que paga su boleto y tolera toda clase de corruptelas que aquellos que ante el desastre encogieron los hombros y mejor dejaron de ir a las plazas. Por supuesto, el pobre papel de las autoridades, no sólo por omitir la observancia de los reglamentos taurinos (de ahí la proliferación, incluida la capital, de novillos y hasta becerros en festejos anunciados como corridas de toros), sino por su increíble nivel de incultura –en todos los partidos y niveles de gobierno–, que les ha impedido enterarse de la riqueza e importancia de la tradición taurina de México, superior con mucho a la de cualquier deporte o entretenimiento posteriormente adoptados. Hay que añadir la brutal ofensiva antitaurina, que incluye desde jefes de gobierno hasta babeantes influencers y famosos pagados por la industria mascotera internacional, y a los animalistas de buena fe, arrastrados por su ignorancia y la prevalencia neocolonial de valores anglosajones, que ya sabemos cuáles son y a qué clase de negocios genocidas se dedican.'
'¿Remedios? Para combatir un problema –añade Benjamín– lo primero es reconocerlo, y son indispensables la autocrítica y el diagnóstico, dos cosas con las que el taurino está peleado. ¿Autocrítica? No sé de un ganadero mexicano capaz de reconocer expresamente la decadencia comprobada de lo que cría en sus campos. Sólo hablan de 'bravura' y 'clase', e imposible sacarlos de ahí. Hasta insisten en la cantaleta de que 'nuestro toro es el de más calidad en el mundo', aseveración insostenible para el que se asome a una plaza de toros… o a sus placitas de tienta (los hay que prescindieron ya hasta de probar en varas la bravura de sus becerras y se dan el lujo de tentar sin picador).
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