El miércoles estaba George Clooney de promoción en Venecia cuando una periodista española le preguntó por la situación política que se vive en su país en este momento. El célebre actor optó por un término que ha comenzado a hacerse popular entre las filas demócratas: 'Existe una palabra excelente para definirla: caquistocracia', respondió. De origen griego, significa, literalmente, 'el gobierno de los peores', y se aplica desde hace varios siglos para definir el gobierno o el poder ejercido por personas ineptas e incompetentes.
Dicho así, y conscientes de todo lo que se vive en Ceuta desde hace más de cinco semanas, cualquiera diría que puede servir para retratar igualmente a nuestro propio gobierno. Es cierto que Clooney utiliza la expresión para apuntar con el dedo a Donald Trump y a cuantos tienen acceso directo al despacho oval, y que en la comparación sale ganando el impresentable presidente estadounidense, y, después de él, otros muchos mandatarios y gobiernos del mundo antes que el español.
Es más, me niego a pensar que nuestro gobierno esté formado al completo por personas ineptas, algo que desmienten algunos currículos; pero, del mismo modo, no hay duda acerca de la incompetencia con que ha actuado para afrontar la crisis vivida en la ciudad autónoma, tanto en el desamparo al que ha sometido a la población como en lo relativo a la gestión de la crisis humanitaria.
Y si no estamos ante el Gobierno de los peores, las evidencias apuntan a que sí es uno de los peores gobiernos. El mero hecho de seguir adelante, pese a carecer de presupuestos, sirve como prueba irrefutable; a partir de ahí pueden tirar de hemeroteca si no les parece suficiente con lo de Ceuta, aunque aquí lo único que valga sea lo que digan las urnas.
En cualquier caso, apunten la palabra, porque puede hacerse habitual, como ya lo está siendo otra expresión mucho más incómoda, la del 'ataque híbrido', que es como algunos han pasado a definir lo ocurrido entre el 30 y el 31 de julio sobre Ceuta. Los términos belicistas en cuestiones de geopolítica, por mucho que aspiren al símil, son peligrosos, porque apuntan a la psique ciudadana, que es donde se activan nuestros miedos, y el miedo siempre se ha inspirado como ejercicio de control.
En nuestro caso, lo preocupante es que se use porque nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre; ni Josep Borrell entrevistado en La Sexta, fiel cautivo del discurso del presidente, como tantos otros obedientes dirigentes socialistas de toda España, que han preferido hablar en nombre del líder supremo en vez del suyo propio.
Sí lo han hecho alcaldes socialistas de municipios como Moguer, Chiclana o Rota, donde, desvinculados de la convocatoria de la FEMP -y su alargada sombra pepera-, salieron a la calle para solidarizarse con los ceutíes y criticar sin complejos la gestión del gobierno.
A este respecto, es encomiable la ingenuidad con la que muchos han criticado el 'uso político' de dichas movilizaciones por parte de la derecha -el mismo que hace la izquierda ante cualquier fiasco del PP-, cuando lo criticable en el fondo es que todos esos que se han dado golpes de pecho solidarios este martes sean los primeros en negarse a acoger a muchos menores y migrantes que se encuentran actualmente hacinados en campamentos en Ceuta, que es la única forma de favorecer la vuelta a la normalidad en sus calles.
Como apuntaba Lucía Méndez en El Mundo, lo único cierto hasta este momento es que el gobierno ni ha tenido 'un plan para los ceutíes, ni para los sin techo', que es esa doble realidad a la que hay que asomarse, no sólo a la que a algunos interesa ver en los titulares.
En el primer caso, porque han conseguido que decenas de miles de ciudadanos españoles se hayan sentido abandonados en pleno territorio español; y en el segundo, por pensar que todos los que participaron en aquella 'violación a la integridad territorial' terminarían por volverse a Marruecos aburridos, y por posponer una mermada atención administrativa a las personas migrantes para resolver su situación.
No sé si alguien del Gobierno habrá reparado en las palabras de George Clooney, aunque sólo sea para reavivar las críticas a Trump, no por darse por aludidos, aunque, después de todo lo vivido, deben estar más cerca de su coletilla publicitaria: what else?
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