Zoé Robledo
Empleos formales
(Mario Jasso/Cuartoscuro)
Hace muchos años –y esto es sólo un ejemplo--, Bill Clinton, apegado a la entonces reciente tradición del 'joggoing' (el ejercicio de urbana promovido por los fabricantes de zapatos y ropa deportiva) acostumbraba trotar en las mañanas.
Los reporteros asignados a la Casa Blanca corrían junto a él. El Servicio Secreto no impedía tan innecesaria compañía.
--No le molesta, le preguntaron un día.
--No, no me molesta. Cuando la prensa corre conmigo no lo hace para comprobar mi buena condición sólo están esperando un tropezón y fotografiarme en el suelo. Cuando ellos van junto a mí corro con más cuidado'.
Yo no sé si esa es una lección de comportamiento político, pero los medios jamás están (estamos) atentos a lo habitual en giras presidenciales pletóricas de discursos repetidos, reiterativos; mil veces escuchados a otras tantas reseñados. Por eso los gestos, las actitudes, los detalles fuera de programa son tan llamativos y después tan ampliamente difundidos.
Y eso a los políticos profesionales no les importa. O disimulan su enfado o su disgusto. Pero a veces también muestran su molestia, su mohín, su mal humor tanto contra los medios como contra quienes aprovechan su pública exposición para expresar desacuerdos u oposición.
A veces un pequeño exabrupto, una frase fuera de tono o de control sepulta al discurso.
Recordemos.
La certera investigación de Jesús Murillo Karam cuando era Procurador General de la República durante el gobierno de Enrique Peña sobre los activistas estudiantiles asesinados en Iguala, se fue a la basura (o la tiraron) por dos expresiones.
Una cuando tras varios días sin dormir y ante las preguntas ya respondidas, pero repetidas con acusadora insistencia dijo ya me cansé. Y la otra, al definir sus resultados como la 'verdad histórica'.
Eso –entre otras cosas--, produjo la movilización histérica. Hasta hoy.
En otra ocasión Carlos Salinas de Gortari, desde la presidencia de la República se jactó de su desprecio hacia los militantes de la furibunda izquierda entonces perredista (origen del obradorismo) y dijo: ni los veo ni los oigo. La censura rencorosa lo persigue hasta estos lejanos días: intolerante, antidemocrático, excluyente, todos los calificativos posibles.
Todo esto viene a cuento porque algunos analistas han notado en las reacciones de la señora presidenta (con A), algunos rasgos propios de un estado anímico de fácil ignición. No diré de mecha corta porque eso decían de Calderón y no me pasaría por la cabeza, ni por un segundo, comparar ni a las personas, ni a las ideologías, ni a las mechas.
Cada quien la suya. Tampoco podemos decir iracunda ni furibunda. No es para tanto. Pero sí enojada, molesta, afectada como si se sintiera incomprendida o injustamente maltratada. Pero el talante no es tan nuevo.
Ya nos lo había advertido Andrés López hace exactamente dos años, en otro septiembre: el 'fresita' soy yo.
Con Claudia no se va a relajar la disciplina, advirtió no se si con severidad o con ironía. Ignoro si la disciplina se refería a la interna del partido o a la nacional. Pero como sea hubo una advertencia de mano firme, lo cual no siempre es igual a mano dura, aunque ambas puedan ser sinónimos en ciertos momentos.
Hace algunos años, durante una fallida incursión a la Ciudad Universitaria, Luis Echeverría fue repudiado por una asamblea estudiantil en la facultad de Medicina. Se lanzaron invectivas, insultos, guijarros y monedas una de los cuales descalabró al Ejecutivo quien les gritaba a los vociferantes: Jóvenes del coro fácil; jóvenes de la CIA, así actuaban las juventudes del fascismo (cito de memoria).
Esas acusaciones con las cuales todo planteamiento (aguerrido o pacífico) se anula con la descalificación ideológica, tienen un cierto parecido con la reacción presidencial de hace unos días contra quienes se manifestaban contra una obra en Manzanillo.
Mientras intentaba anular las protestas con el ejercicio de la democracia a mano alzada frente a un grupo hostil, la presidenta estalló:
--'Vamos a continuar. Hagan de cuenta que no están. No, no, no. Nada de violencia, nada, nada, nada. Son muy irrespetuosos.
'…Así es el PRIAN, seguro pertenece al PRIAN aquí, de infiltrados en la... Porque si fuera una demanda legítima, estarían de acuerdo en reunirnos para atender lo que están pidiendo, ¿verdad?... no vamos a caer en provocaciones, vamos a seguir recordando el pasado… yo creo que les duele cuando se recuerda el pasado, por eso gritan así de fuerte, ¿verdad?'
Y sí; es cierto, a veces la memoria duele, pero involuntariamente ella, la presidenta (con A), resucitó actitudes y respuestas del pasado.
Obviamente en su monólogo se refería a la versión actual de la historia de México cuya cantinela es recurso frecuente, pero algunos trajeron a la cabeza la gritoniza de Echeverría o el desdén de Salinas.
Pero lo más notable no fueron las palabras sino (lo llaman los psicólogos) el poco control del enojo.
A los políticos profesionales no les conviene mostrar sus emociones cuando éstas no los favorecen. Se debe gritar, y fuerte, la noche del 15 de septiembre. Los demás días, como recomendaba Adolfo Ruiz Cortines: con suavidad y maña.
ZOE
Durante la gira de este fin de semana se dieron varios desmayos. No se sabe si fue por la emoción de escuchar tan de cerca la palabra presidencial o el clima o la falta de alimento o el golpe de calor o algún otra causa ignota y peligrosa.
En uno de esos casos Zoé Robledo, Director General del IMSS, sin ser médico, ni paramédico, saltó del presidium para atender al desvanecido.
El humanismo mexicano en su mejor expresión. Eso me recuerda otra gira presidencial.
Llegaba López Portillo a recorrer en Tlaxcala las instalaciones de La Malinche. Gran fiesta por todo lo alto hasta con corrida de toros (no había 4-T.2-P para prohibirlas). El espada no atinaba con el estoque. Se tiraba a matar y pinchaba en hueso.
Un 'compa' gritó desde el campanario de San Francisco a cuyo pié está la plaza: ¡mejor llévalo al Seguro!
Arsenio Farell, blanco de tez, se puso rojo de coraje. Y Jolopo reía. Siempre reía.
PISTA
Información procedente de Puebla nos ilustra de cómo no hay asunto menor, ni cosa pequeña cuando se trata del manejo de las ambiciones.
Así pues el despacho A+A Arquitectos ha tratado por medios diversos de actuar contra la construcción de la pista de atletismo de la Preparatoria Alfonso Calderón de la BUAP. Alguien diría, poca cosa para tanto mole. Sin embargo la pista en cuestión ya obtuvo la certificación 'Clase 1' de la Federación Mundial de Atletismo, lo cual debería ser suficiente para no seguir con sospechas o descrédito.
Pero mientras en ese despacho de arquitectuira miran hacia afuera en busca de paja, alguien les mira una viga en el ojo y algunos trapos sucios aparecen dentro de la casa. Según testimonios y material circulante entre ex trabajadores y cercanos, se habla de casos de maltrato psicológico, hostigamiento y conductas discriminatorias por razones de género, posición laboral y hasta origen étnico. Intramuros no se trata de casos aislados. Distintas personas (reacias a identificarse públicamente por razón de posibles represalias), describen un ambiente donde las opiniones internas, sobre todo si son críticas, son recibidas con descalificaciones, ironías y malos modos, tanto en las oficinas como en las obras hasta producir a veces, rupturas laborales y, después, deseos de revancha contra quienes decidieron expresarse. El asunto no deja de ser paradójico: Querían revisar la pista de la BUAP y terminaron mirando al interior de su despacho.
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