La alimentación escolar es la política nutricional más antigua en la Argentina, sostenida en el tiempo, pero endeble y heterogénea. Ya en 1988 señalábamos la falta de rectoría sobre sus contenidos nutricionales y la priorización del volumen por sobre el impacto real. Poco cambió en 40 años.
Más de 5 millones de escolares reciben alguna comida en casi 25.000 escuelas, bajo un sistema mayormente descentralizado: cada director gestiona su servicio, por lo que la calidad depende más de su capacidad individual que de un diseño preestablecido.
El financiamiento tiene dos fuentes: la Nación distribuye (a provincias) $173 mil millones anuales (presupuesto 2026), a lo que se suman partidas locales muy variables. En Buenos Aires las transferencias diarias por alumno llegan a $715 (desayuno) y $1478 (almuerzo); en Entre Ríos, $1700 (ambas); en Neuquén, $356 y $1028. Los fondos llegan en momentos y bajo rendiciones separadas, recargando tareas docentes. Con esos montos además se deben gestionar las compras, distribución y rendición de fondos.
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