Soy muy fan de Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Los profesores de relaciones internacionales estamos en deuda con él. Antes de él, nos desgañitábamos en explicar esa cosa llamada multilateralismo —el orden internacional basado en reglas e instituciones internacionales creado después de la Segunda Guerra Mundial— y las razones de su actual debilitamiento. También veíamos a la audiencia salir corriendo cuando hablábamos de cosas como unipolaridad, multipolaridad, potencias medias y de la diferencia entre hegemones benignos y predatorios.
Pero en esto llegó Infantino y se hizo la luz. Tras una llamada de Trump, Infantino, en lugar de inmolarse en defensa de las reglas de la FIFA y los valores del fútbol, decidió fumárselas mientras que el resto de federaciones, en lugar de plantarse y amenazar con abandonar la competición, bajaron la cabeza ante Trump, entendiendo perfectamente que en el mundo de hoy las reglas se aplican diferenciadamente en función del poder de cada uno.
El cálculo de Infantino fue sencillo: la FIFA y él iban a funcionar como un cañón con el apoyo de Trump y pasarlas canutas con él en contra. En adelante, los enemigos de Infantino serían los enemigos de Trump y los amigos de Trump sus amigos. Un negocio redondo para alguien que se dedica a los negocios redondos y cuyo próximo destino fue, claro, Marruecos, socio privilegiado de EEUU, aspirante a organizar la próxima final del Mundial, aunque sea dilapidando en ello los recursos que no tiene para los marroquíes.
Ahora, Delcy Rodríguez se ha hecho un gigantesco Infantino a costa del petróleo venezolano. Ante una oferta que no podía rechazar, ser apartada del poder por Trump o convertirse en procónsul de EEUU, ha tomado la decisión más sabia. Y no puede decirse que lo haya hecho a ciegas. Nada se sabe de a dónde o a quién han ido los 65 millones de barriles, valorados en 13.000 millones de dólares, que EEUU ya se ha llevado: lo que viene por delante es aún más grande e incierto.
La revolución bolivariana ha decidido, con toda razón, que es mejor vivir de rodillas que morir de pie. El Nobel de la Paz de María Corina Machado y la victoria en las elecciones de 2024 no se han convertido en un instrumento para devolver la democracia a los venezolanos sino en una palanca de extorsión con la que Trump anima a Delcy a someterse al neoimperialismo estadounidense. Trump, Infantino y Delcy. El futuro ya está aquí.
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