JO

Jordi Garriga

Ceuta, la farsa en el tablero

Image
'La historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa'. Karl Marx Esta frase de Marx está en su libro de 1852 El 18 brumario de Luis Bonaparte, y con ella se refiere al autogolpe de Estado de 1851, en el cual Luis Bonaparte, sobrino de Napoléon, se autoproclamó Emperador de Francia como Napoleón III. Marx criticaba ese golpe como una mera imitación del Napoleón original, como un gesto vacío y superficial que acababa siendo una parodia ridícula. Del mismo modo, todas las apelaciones a la lucha contra el enemigo del sur; la Reconquista 2.0; los alardes patrióticos aumentados por las redes sociales, no dejan de ser un triste postureo: la mayoría de los que así se expresan, llegado el momento de la verdad, no se encaminarían hacia el sur, sino hacia el norte, a toda prisa. O qué podemos pensar sino de esa flotilla encabezada por unos señores que, cerveza en mano, se dirigieron a Ceuta para disfrutar de un bonito paseo mientras unos motoristas hacían otro tanto con una marcha por la ciudad. En vez de cañones, altavoces con Manolo Escobar; en vez de caballeros, moteros al estilo yanqui. Y el gobierno, preocupado. Un gobierno que haría el papel de un Don Julián; una derecha patriótica cuyas leyes inmigracionistas han favorecido esta situación; una izquierda woke más preocupada por los extranjeros que por la clase obrera nacional; todos ellos bajo la creencia y el poder de los ideales humanitarios laicos. Parodia histórica, parodia de patria, parodia de clase y parodia de religión. Una farsa. El enfrentamiento entre dos países cualquiera que representen dos visiones de la existencia humana tendrá un claro ganador si una de las dos visiones no es más que una farsa. Y la farsa estaría en este caso del lado español. No se puede oponer un humanitarismo laico, parodia del viejo cristianismo, al patriotismo y a la religiosidad, porque perderá. A Indalecio Prieto, dirigente socialista, se le atribuye una frase que habría pronunciado durante la Guerra Civil española: 'no hay animal más peligroso que un requeté recién comulgado'. El caso es que, si de un lado hay gente dispuesta a morir por Dios, la patria y el rey, y por el otro hay gente dispuesta a arrojar flores, acoger miles y millones de extranjeros sin rechistar, y cuyo horizonte vital consiste en 'salvar el pellejo', no es difícil deducir quién vencerá y quién perderá. Cuando una sociedad ha perdido el contacto con sus raíces, sus tradiciones y sus valores profundos, simplemente se autodevora, se desintegra, no hay una razón superior que justifique su existencia. El discurso de la culpabilidad blanca sirve para eso, para nada más que eso. Recuerden qué pasó durante el famoso Procés de Independencia de Cataluña, que culminó en nada: nadie murió, nadie mató, todos gritaron mucho hasta que llegaron cuatro detenciones y hubo la desbandada de los dirigentes. Se aplicó el 155 y todos tragaron. Fin de la farsa disfrazada de épica. Luego, fueron amnistiados y dijeron 'lo volveremos a hacer'. De eso hace años, otra épica de mercadillo. La amenaza de pasar algo de tiempo en la cárcel y pagar fuertes multas fue más efectiva que cualquier pelotón de soldados. El español medio ya no combate, porque cree que podrá conservar lo poco que aún tiene: 'todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre'. (Hebreos 2:15). El humanitarista aceptará la esclavitud y la sumisión, una vida recortada y mutilada, para alargar un día más esa vida de mierda, pero la perderá igualmente… Siempre se nos ha intentado convencer de que la esclavitud y la sumisión provienen de las normas y el miedo impuesto por la religión, la sociedad y el gobierno. Y que liberarnos del miedo a las normas, a la religión y a la sociedad nos haría ser mejores a cada uno de nosotros, y por ende a la sociedad en su conjunto, como una suma de egoísmos buscando lo mejor para cada cual. Y esa es la trampa: el resultado es una masa de personas aisladas, atemorizadas, fácilmente pastoreable ante cualquier pequeña crisis. En Ceuta solamente los ceutís saben lo que está en juego. Es una ficha más, que será sacrificada en los siguientes movimientos si conviene. Los demás: gobierno, partidos políticos, ONGs, agentes extranjeros, Marruecos… seguirán la partida hasta que el tablero llegue hasta la puerta de nuestras casas. Y entonces ¿qué?
Ceuta, la farsa en el tablero
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.