Ha pasado un mes desde la invasión de Ceuta por una horda de jóvenes procedentes de Marruecos. La sociedad española carece de explicaciones oficiales solventes y verosímiles de las causas y consecuencias; se advierte su impacto en el prestigio del Estado y su proyección internacional. Dos relatos contradictorios de Sánchez, en del 31 de julio y el de 31 de agosto, muestran su ineptitud como líder de la nación española. Muestra una relación inversa entre su habilidad para controlar el Estado y su desprecio a la nación de la que se aprovecha. Veámoslo con detalle:
Sánchez en su visita a Ceuta, el 31 de julio, calificó los hechos de 'ataque' y 'violación de la integridad territorial de España'. Este es el dato. Estas calificaciones exigían una acción proporcional del Estado con medidas constitucionales del artículo 116 (estados de alarma, excepción y sitio), pero no. En menos de 24 horas, alguien de su entorno o del palacio de Rabat le aleccionaron o amenazaron (Pegasus) porque el presidente optó por irse en silencio de vacaciones al palacio de Lanzarote sin tomar medidas a la altura de la violación de la integridad nacional. En su lugar, los ministros han hecho visitas oportunistas a la Ciudad con declaraciones fatuas, porque los hechos las han demostrado falaces y sin fundamento.
El informe de la Policía Nacional
La violación de la integridad territorial de una nación por otra, en este caso a través de una batalla de guerra híbrida de Marruecos contra España, usando a la población civil como arma, con muertos incluidos, se ubica en el marco conceptual de ataque intencional para violar la soberanía española. Lo avalan dos motivos avalados por el informe de la Unidad de Inteligencia de la Policía Nacional:
a) movilizar alrededor de 100.000 personas ─a través de agentes interpuestos, redes sociales y propaganda─ para facilitar su entrada en Ceuta responde a un plan a corto y a medio plazo con un significado: imponer su voluntad en Ceuta.
b) aprovechar el impacto mediático del ataque para reclamar la soberanía marroquí de los territorios españoles en el norte de África. El ministro de Justicia y el de Asuntos Islámicos han invocado supuestos derechos históricos y geográficos. Expresa una constante desde la independencia de Marruecos en 1956: Mohamed V 'buscó la anexión', Hassan II quería una 'célula de reflexión' sobre el futuro de estas ciudades. Ahora Mohamed VI las califica de 'territorios ocupados', etc.
Estamos ante una estrategia del imperialismo expansionista marroquí, pero carece de legitimidad histórica y geográfica porque siempre han pertenecido a España, excepto durante la expansión de diversas tribus islamizadas durante la Alta Edad Media. Con la Reconquista volvió a España, porque Ceuta perteneció desde el Imperio Romano a la Diócesis de Hispania con capital en Mérida (Augusta Emerita), pese a estar ubicada físicamente en la provincia de Mauretania Tingitana del norte de África, como enclave de seguridad y comercio del Estrecho al unificar su control con el territorio peninsular. En el siglo III, Diocleciano tenía una visión estratégica de la que carece nuestro gobierno.
Estado de Excepción
Pero, la legitimidad soberana no basta en este tiempo convulso para la integridad del Estado de Derecho frente a la voluntad de poder, con la soberanía de los Estados sometida a la capacidad fáctica de suspenderla según la doctrina de Carl Schmitt, en su Teología Política (1922): 'Soberano es quien decide sobre el estado de excepción'. La legitimidad no basta como tantas veces en la historia; su defensa exige capacidad disuasoria, prestigio y apoyos internacionales sin olvidar el valor y, en su caso, la fuerza. Hemos de ser conscientes de que España es atacada por Marruecos en una guerra híbrida que no cesará. Ha creado un estado de excepción en Ceuta: ha sido capaz de duplicar la población de Ceuta en un solo día. El mensaje es claro: controla los flujos migratorios hasta alterar gravemente la vida de los ciudadanos, ante la impotencia del gobierno Sánchez, condenándolo a tareas administrativas de mantenimiento, seguridad, manutención, salud y educación de los asaltantes.
Ha habido que esperar al 31 de agosto para oír a Sánchez desdecirse de su calificación inicial de los hechos, en la entrevista de la Cadena Ser. Su relato emite un mensaje calculado de 'crisis migratoria', 'acogida y reubicación', 'cooperación con Marruecos', 'viaje a Ceuta del Rey cuando se den condiciones', que 'tiene derecho a vacaciones' (las que no han tenido las autoridades de Ceuta y sus ciudadanos), etc. El marco conceptual de la entrevista desganada transmite un relato ideológico contradictorio con la realidad del hecho, visto por españoles y extranjeros a través de los medios: hemos oído a los ceutíes y estamos viendo lo que pasa en calles y playas: robos, agresiones, violaciones, ataques a la policía y militares maniatados y sin medios. En su lugar, nos ofrece una visión que transforma y reduce la gravedad del hecho a una simple crisis migratoria exculpando a las autoridades marroquíes. Esto es muy grave, pero además echa balones fuera para eludir su responsabilidad: se compara absurdamente con el Rey; la sentencia del TS sobre las devoluciones, motivo de la crisis migratoria; la injerencia extranjera, redes rusas e israelíes; y su fijación obsesiva: los bulos de la internacional ultraderechista. Los medios afines al poder ya tienen el guión y los contenidos para martillear la mente de los ciudadanos eludiendo el hecho causal.
Garantizar la normalidad
Este relato sirve a la voluntad de poder de Sánchez como líder de la Internacional Socialista con políticas social-comunistas a las que supedita a la nación española. Pero la gravedad del hecho y sus consecuencias están ahí a la vista de todos. Cada día más emponzoñado que en vías de solución. Las imágenes transmitidas por diversos medios emiten el mensaje distópico de una ciudad invadida, los ceutíes han visto abolida la normalidad de su vida, sin confianza ni seguridad. El gobierno ha sido incapaz de prevenir, actuar de inmediato con los instrumentos constitucionales y garantizar la normalidad en un tiempo dado.
Esperemos que esta vez el relato del poder no mate el dato. España se enfrenta a una crisis de integridad que amenaza su soberanía con un gobierno que abdica de su responsabilidad histórica. Sánchez una vez más expresa una pauta de conducta que elude y huye de la responsabilidad directa: con la Dana de Valencia, con el accidente de Adamuz, con el apagón general. Ahora, con el 'ataque' marroquí y la 'violación de la integridad territorial de España'. Es la calificación de Sánchez del 31 de julio. Sabía el dato, lo ocultó, se escondió y nos maneja con engaños para eludir el deber del Estado en defensa de la Nación. En resumen:
-El dato: Marruecos ha invadido la ciudad española de Ceuta a través de una horda humana según una estrategia de guerra híbrida. Responde a un patrón de conducta que amenaza la soberanía multisecular de España y su integridad territorial.
-El relato del Gobierno español: es una crisis migratoria que hay que atender con leyes que favorecen la inmigración ilegal. Responde a un patrón de conducta de debilidad en defensa de la integridad de las fronteras y la seguridad ciudadana. España es invadida por tierra, mar y aire a la vista de todos sin defensa efectiva. Inventiva a mafias y redes de tráfico de personas y, en este caso, del imperialismo expansionista marroquí.
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