¿Quién protege a niñas y niños cuando el lugar donde pasan buena parte de su día es el entorno digital?
No es un cuestionamiento menor. Las redes sociales se han incorporado a la vida cotidiana, la mayoría de las veces, sin el correspondiente fortalecimiento de la prevención digital.
El informe reciente de la UNICEF apela a la acción colectiva. Cerca de 20 millones de adolescentes de entre 12 y 17 años, casi uno de cada cinco en los 21 países estudiados, padecieron alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología en un solo año.
El 60 por ciento de estos casos ocurre en redes sociales dominantes como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok o WhatsApp, y un 14 por ciento adicional en videojuegos en línea.
Frente a una realidad así, prohibir no basta. La respuesta exige educación digital, prevención, acompañamiento y espacios alternativos para recuperar la convivencia.
Promover hábitos como el establecimiento de horarios libres de pantallas durante las comidas familiares, desconexión total de dispositivos electrónicos una hora antes de dormir o la instalación de equipos de cómputo en áreas comunes de la vivienda son acciones de salud digital indispensables.
La prevención eficaz implica acompañamiento mediante el diálogo sobre los peligros de interactuar con perfiles desconocidos, complementado con el uso responsable de herramientas de control parental y configuraciones de privacidad en cada dispositivo portátil.
En esa dirección apunta la estrategia la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada: una ruta de acción para promover el uso responsable de celulares entre niñas, niños y adolescentes, alineada con la convocatoria realizada por la Presidenta Claudia Sheinbaum.
A nivel ciudadano, romper el silencio y denunciar a través de herramientas como la línea de emergencias 9-1-1 o 089 Denuncia Anónima, operadas desde el C5, resulta vital frente a las vulnerabilidades contemporáneas.
@guerrerochipres
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