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Luis Tigre Baraldi

El boicot que funcionó, pero nunca fue, escribe Luis Tigre Baraldi

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Hace apenas unos meses, surgieron rumores de un posible boicot de las y los mejores tenistas del mundo, inconformes con la distribución de los enormes ingresos que generan los cuatro torneos del Grand Slam. El boicot nunca llegó, pero la amenaza despertó al monstruo comercial. Los grandes torneos entendieron el mensaje: Sus principales figuras no solamente compiten... Venden boletos, generan audiencias, atraen patrocinadores y multiplican el valor del espectáculo. La reacción llegó: Más dinero, mejores premios y mayores beneficios para los jugadores. Naturalmente, las grandes estrellas tienen mayor poder, porque son quienes atraen al público, pero el beneficio alcanzó también al resto de los tenistas. Quizá no llenen por sí solos los estadios, pero forman parte indispensable del elenco y hoy reciben más de un negocio que también ayudan a construir. El US Open entendió perfectamente esta nueva realidad. En Nueva York, donde —durante tres semanas— el impacto económico es descomunal, el tenis se convierte en un gigantesco negocio de boletos, medios de comunicación, televisión, streaming, prensa, patrocinadores, souvenirs, alimentos y bebidas, etc. Las estrellas tienen un enorme valor comercial. El renovado torneo de dobles mixtos fue un buen ejemplo. La presencia de Serena Williams —junto a Carlos Alcaraz— generó enorme expectativa y atrajo la atención mundial. Más allá del resultado deportivo, quedó demostrado que reunir grandes nombres significa público, audiencia y —naturalmente— dinero. Ahí está la paradoja: Los jugadores amenazaron al negocio y el negocio respondió repartiendo más, pero también encontrando nuevas formas de aprovechar comercialmente a sus estrellas. ¿Habrá algún día aquel famoso boicot? Lo dudo. El tenis continúa siendo un deporte individual, donde cada jugador defiende sus puntos, sus premios, sus contratos y su carrera. Pero, quizá, tampoco haga falta. El boicot nunca ocurrió, pero funcionó. La amenaza fue suficiente para que los certámenes del Grand Slam entendieran que las estrellas generan el gran negocio, que todo el elenco, tenistas que juegan la clasificación o primeras vueltas, forman parte del espectáculo y que —para seguir creciendo— estos cuatro torneos tienen que repartir mejor. Definitivamente, sí funcionó. Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
El boicot que funcionó, pero nunca fue, escribe Luis Tigre Baraldi
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