Posponer la maternidad es una opción. Lo es para cualquier mujer que así lo desee -y pueda permitírselo-. Porqués hay mil: no tener pareja, no tener estabilidad económica, no tener un piso en el que quepa una cuna y un tendedero abierto al mismo tiempo, o simplemente porque no. Y se nos llena la boca al decir que la decisión última de cuándo ser madres es solo nuestra.
Hace unos días la futbolista Alexia Putellas contaba en una entrevista a El País, como si de una victoria se tratase, que al fin la Federación iba a congelar los óvulos de las deportistas que así lo quisiesen. Y los motivos son muy lógicos: para jugar al fútbol al más alto nivel se necesita rutina, disciplina y un cuerpo que responda. Y la maternidad, la mires por donde la mires, no encaja en esta ecuación.
Que una institución para la que trabajamos (ya hay algunas empresas que ofrecen la congelación de óvulos en su pack de beneficios) nos dé esta posibilidad nos puede parecer, a priori, algo que celebrar. Porque sí, es cierto que muchas mujeres jóvenes están optando por esa vía para posponer la maternidad a un futuro -supuestamente- más adecuado. Sin embargo, hay algo retorcido en que sean las empresas las que financien eso. ¿Cuál es el mensaje de fondo? Si ahora estás demasiado liada trabajando, tranquila, tú sigue produciendo como la que más que el bebé puede esperar. Lo primero es lo primero, ¿no?
Llevamos años oyendo hablar de conciliación para que ahora aparezca una solución todavía más sofisticada: si la maternidad no cabe en tu carrera, congélala. Te están dando la opción, todo pagado. Si no la coges es porque no quieres.
Asumo que no es fácil llegar al punto de decidir tener un hijo. Son demasiadas cosas a valorar. Pero el miedo a perder un trabajo, cliente o patrocinio no debería ser una de ellas. ¿Cómo es posible que una herramienta que puede darnos más libertad de decisión a las mujeres también pueda servir para someternos, de nuevo, al sistema?
Recomiendo encarecidamente el vídeo de Ana Peleteiro en el que pone negro sobre blanco esta realidad.
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