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Redacción

La salud emocional de la presidente

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Luis Farías Mackey Me preocupa la salud emocional de la presidente Sheinbaum. Hace algunos años, en mi calidad de representante del gobierno de Nuevo León, acompañé al gobernador Jaime Rodríguez a uno de los informes (no se ría) de Lopitos en el Zócalo. A diferencia de otros eventos, impidieron la entrada de alguien con el gobernador, finalmente me quedé en la barrera en espera de su salida. Allí observé el comportamiento de los que por allí entraban. Solalinde entró como si llegase al cielo, pero ni quién lo pelara. Aquél era el acceso para gobernadores, embajadores, empresarios e invitados especiales, al costado sur de la Catedral. Noroña, entonces diputado federal, hizo su arribo triunfal rodeado de porristas que lo aplaudían y apoyaban, y con más camarógrafos que porristas. Exigió entrar aireadamente, cual sitiador de una ciudad amurallada demandando su rendición; el pobre militar, Mayor, según entendí conforme le contestaban sus subalternos, esos del Estado Mayor que ya no existe, con fastidio aguantó el montaje durante media hora, mientras Noroña exigía entrar en mérito de ser Noroña, el pobre Mayor le insistía que los diputados tenían acceso por la entrada cinco, aquella era la dos. Como es Noroña, no hubo razón que entendiera, como si para razones se contratara; hasta que media hora después, cual alarma de despertador, dio media vuelta y se retiró como llegó, sin pena ni gloria entre camarógrafos y corifeos, nada más que en ese tiempo ningún otro invitado tuvo acceso por allí: séase gobernador, empresario, embajador o invitado especial, de suerte que todos entraron corriendo, sudando y tarde. Una de esas victorias pírricas tan comunes del delirante macuspano. Diez minutos antes del numerito de Noroña, llegó Sheinbaum; cual Mar Rojo se abrió una valla para su entrada triunfal, en el acceso las abyecciones fueron indignas, ¡quién lo hubiese creído!; al cruzar el umbral Claudia volteó a su izquierda y por arte de magia se levantó una apoteosis casi celestial, ella mostró sorpresa y corrió con los brazos abiertos a abrazar, sonreír y besar a quienes seguramente hacían lo mismo todos los días para vivir, solo le faltó atender a una adulta mayor desmayada, esa escena se inventaría años más tarde. Extasiada, fuera de sí, entregada hasta el último aliento se dejó abrazar, besar, fotografiar y adorar. Como será que duró más el saludo a cien acarreados puesto en fila a lo largo de la valla que Noroña siendo Noroña. La pantomima llamó mi atención y provocó mi vasca. Hoy veo a la misma Sheinbaum en sus informes estatales y concentraciones dignas de cintas de ciencia ficción de Hollywood y le observó con el torso fuera de la ventana de la camioneta dejándose adorar cual santísimo. También la veo cuando el sueño se convierte en pesadilla y le gritan 'fuera, fuera, fuera', y ella dice no muy convencida: 'hagamos como que no están', cuando resulta que sí están y sí son. 'Seguramente han de ser del prian, infiltrados', ¿y? ¿Acaso non son ciudadanos de la República? Su parlamento lo dice todo, niega la realidad, 'no están', para luego culpar, han de ser del… Pero los gritos existen, son reales, no son sembrados como las porras, ni las desmayadas, ni el acosador sexual afuera de Palacio, como los Noroñas. El problema es que ahora empiezo a ver una fragilidad emocional en la presidente. Es probable que con Rocha Moya, Adán, Andy y sabrá Dios cuantas legiones de obradoristas más, ella se diga, 'hagamos que no están', pero están; y que también diga los manifestantes en Colima, gobernado por una morenista, son unos irrespetuosos, pero acaso no tienen derechos a manifestarse y más si no fueron agresivos, cuando ella sí lo fue. Esa realidad es de 'me quieren no me quieren' y de 'amigo enemigo,' habla de una personalidad cuya debilidad emocional y fragilidad psíquica es ostensible y en peligro de romperse. Se habla de una indisposición previa al Informe y lo vidriosos de sus ojos o lo contradictorio y explosivo de su humor así lo confirman. ¿Cuántos Colimas más nos faltan por ver? La presidente no necesita antidepresivos, su problema es mayor y de por medio nos va México.
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