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Fintech: innovar no basta, hay que generar confianza

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Ecuador no necesita más aplicaciones financieras que prometan velocidad. Necesita un sistema que convierta la tecnología en confianza, inclusión y productividad. Esa diferencia parece semántica, pero define si la revolución fintech reducirá desigualdades o simplemente trasladará viejos problemas a pantallas más modernas. El país ya tiene una base prometedora. En 2023 procesó 228 millones de transferencias interbancarias por 191.205 millones de dólares. La regulación abrió espacio para actividades fintech, pruebas controladas e interoperabilidad. Sin embargo, una cuenta abierta no equivale a inclusión, una descarga no demuestra uso y una empresa creada no garantiza sostenibilidad. El indicador decisivo es otro: ¿la persona paga menos, resuelve más rápido, entiende el producto y mejora su capacidad financiera? La respuesta exige abandonar la fascinación por el número de usuarios y medir resultados. Toda entidad debería publicar cinco datos sencillos: porcentaje de clientes activos, costo efectivo del servicio, transacciones exitosas, reclamos resueltos y pérdidas por fraude. En crédito digital, además, debería transparentar mora, refinanciaciones, costo total y posibles sesgos del algoritmo. La innovación que presta más, pero empuja al sobreendeudamiento, no incluye, captura. Publicidad El Gobierno y los reguladores tienen una tarea igualmente concreta. Deben consolidar un registro nacional de fintech, conectar las competencias del Banco Central, las superintendencias y la autoridad de datos, y convertir el sandbox regulatorio en un laboratorio con objetivos, límites y evaluación pública. Probar no puede significar improvisar. Cada piloto necesita una población definida, protección al consumidor, métricas previas y una salida ordenada si fracasa. La interoperabilidad será la prueba mayor. El ciudadano debería transferir y pagar desde cualquier entidad, con códigos QR compatibles, costos transparentes y respuesta inmediata. Para lograrlo se requieren interfaces seguras, identidad digital, consentimiento revocable y protocolos comunes. También hace falta educación práctica: reconocer fraudes, comparar tasas, proteger claves y reclamar. Para el ciudadano, la hoja de ruta comienza de esta forma: verificar autorización del proveedor, leer el costo total, activar doble autenticación, desconfiar de créditos inmediatos sin evaluación y conservar evidencia de cada operación. La inclusión también requiere usuarios informados, capaces de elegir, vigilar y exigir reparación oportuna y justa. Publicidad Publicidad Bancos y cooperativas deben contemplar a las fintech como aliados estratégicos. Pueden aportar confianza, capilaridad y conocimiento territorial; las fintech, agilidad, datos y diseño. Juntas pueden llevar pagos, ahorro y crédito responsable a microempresas y zonas rurales. La oportunidad existe, pero no será automática. Ecuador debe evaluar su ecosistema por inclusión efectiva, resiliencia, competencia y bienestar. La tecnología financiera habrá cumplido su promesa cuando deje de ser noticia por su novedad y comience a ser reconocida por algo más importante: mejorar, de forma medible, la vida económica cotidiana. (O) Jorge Ortiz Merchán, máster en Economía y Políticas Públicas, Durán
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