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Pedro Alfonso Martín

Canarias se integró en Europa porque entiendía a las Islas

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Canarias no necesita subvenciones para siempre. Necesita que Europa entienda por qué las compensaciones sí son permanentes. Hay una diferencia enorme entre ayudar a un territorio porque atraviesa una dificultad y compensarlo porque parte, estructuralmente, de unas condiciones distintas. La primera es una subvención. La segunda es cohesión europea. Y esa diferencia importa especialmente para Canarias. Y esperemos que para Europa. El Informe sobre España 2026 de la Comisión Europea vuelve a reconocer algo que a veces parece necesario explicar desde las islas una y otra vez: Canarias soporta vulnerabilidades estructurales derivadas de la lejanía, la insularidad, el reducido tamaño del mercado, la orografía, el clima, los mayores costes de transporte y una elevada dependencia de determinadas actividades económicas. Y añade algo aún más importante: el apoyo a Canarias debe ser suficiente para seguir teniendo en cuenta esas circunstancias. Ese reconocimiento debería evitar un error conceptual. Los instrumentos asociados a nuestra condición de Región Ultraperiférica (RUP) no pueden interpretarse como ayudas destinadas a desaparecer cuando Canarias mejore. Porque la insularidad no desaparece cuando aumenta la productividad. La distancia al continente no disminuye porque invirtamos más en I+D. El coste logístico no se iguala porque digitalicemos nuestras empresas. Y nuestro mercado interior no adquiere de repente los 450 millones de consumidores que tiene el mercado europeo continental. Podemos —y debemos— mejorar muchísimo. Pero mejorar no elimina la condición estructural que justifica la compensación. De hecho, la Comisión señala que Canarias y Murcia han vuelto a situarse por debajo del 75% de la media europea de PIB por habitante y recuerda las dificultades de productividad, innovación e inversión que afectan a las regiones menos desarrolladas. Pero aquí debemos introducir otra reflexión. No estamos corriendo contra una Europa inmóvil. Mientras Canarias innova, Europa también innova. Mientras nosotros digitalizamos empresas, Alemania, Francia, Países Bajos o Dinamarca hacen lo mismo. Mientras elevamos nuestra productividad, nuestros competidores también intentan elevar la suya. Por tanto, converger no consiste simplemente en mejorar: consiste en mejorar más deprisa y de manera más eficiente que quienes ya están por delante. Eso hace mucho más difícil cerrar completamente determinadas brechas si se pretende que lo hagamos solos. Y tampoco deberíamos interpretar todas nuestras debilidades como consecuencia de una supuesta mala gestión canaria. Alemania ofrece estos años una magnífica lección. Durante décadas construyó una extraordinaria ventaja competitiva alrededor de la industria del automóvil, la ingeniería mecánica, la química y una potente capacidad exportadora. Pero la industria que hizo competitiva a Alemania en el siglo XX no garantiza automáticamente su liderazgo en el XXI. La electrificación, la inteligencia artificial, los semiconductores, las baterías, la digitalización, las nuevas cadenas de suministro y la transición energética están modificando las ventajas competitivas. Alemania también tiene que reinventarse. No porque haya dejado de saber fabricar, sino porque el mundo ha cambiado. Canarias debe hacer exactamente la misma reflexión. Nuestro turismo continúa siendo una extraordinaria fuente de empleo, actividad económica e ingresos exteriores, algo que la propia Comisión reconoce expresamente. Pero Europa nos invita simultáneamente a diversificar e innovar mediante una especialización inteligente, dentro y fuera del propio turismo. No se trata de sustituir aquello que funciona. Se trata de hacerlo más productivo y acompañarlo de nuevas actividades capaces de generar mayor valor añadido. Más conocimiento. Más tecnología. Más economía digital. Más industria compatible con nuestra realidad insular. Más economía azul. Más investigación. Más conexiones entre universidad y empresa. Más formación vinculada a las necesidades reales del tejido productivo. La Comisión también advierte de que la evolución reciente de la inversión en I+D de Canarias se encuentra entre las más débiles de España. Ahí sí tenemos deberes propios. La condición RUP explica una parte de nuestra brecha. No puede servir para justificar nuestra falta de ambición. Pero tampoco puede cometerse el error contrario: pensar que, si hacemos bien los deberes, algún día dejarán de ser necesarias las compensaciones derivadas de nuestra ultraperiferia. Sería confundir dos conceptos completamente diferentes. Canarias debe competir mejor porque tiene capacidad para hacerlo. Europa debe compensar nuestra ultraperiferia porque las condiciones geográficas que la originan son permanentes. Una cosa no sustituye a la otra. Quizá ese sea el mensaje que deberíamos llevar con mayor claridad a Bruselas ante el próximo marco financiero europeo: No queremos vivir de las ayudas; queremos competir en igualdad de oportunidades.
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