06/09/2026 a las 20:44h.
La gran pregunta acerca del sanchismo no tiene nada que ver con ninguno de los escándalos que le rodea. No es por qué Ábalos, Koldo y Cerdán andaban por la moqueta robando a manos llenas, no es por qué el ministro del Interior sigue en ... su cargo todavía, tampoco por qué se escogió a un personaje tan corto como Leire Díez para ejercer de fontanera. En ningún caso la cuestión tiene que ver con por qué Aldama, al que ahora detestan, tenía acceso directo a la planta noble de Ferraz, ni qué pactaron bajo cuerda con los herederos de los de los tiros en la nuca y con el PNV, ni siquiera cuál es el tenebroso secreto que provoca la inexplicable sumisión ante Marruecos.
La duda existencial acerca del régimen del Número Uno no tiene que ver con los bussines de su señora, con los rescates a las aerolíneas, con el contenido de las maletas de Barajas o con la caída de la ceja hipócrita que se enterró en joyas. La cuestión del millón ni siquiera es cómo ha ido pudriendo las instituciones por dentro, ni cómo ha conseguido inocular el odio y la polarización en la sociedad para poder mantener en pie su chiringuito de embustes. La pregunta no es cuál es el material que une los ladrillos del muro, ni cuál es la hormigonera de la que salió el mejunje que recubre el rostro más duro que haya pisado nuestro país.
El verdadero interrogante es qué lleva a la gente que se había labrado una reputación antes de que se pusiese en marcha todo este delirio a venderle el alma a esa picadora de trayectorias que tenemos por presidente. Cuál es el siniestro hechizo que este psicófago compone para anular por completo a personalidades que objetivamente no necesitan participar de este sindiós para ser alguien. Porque se entiende a las mil maravillas que muchos de los que pululan alrededor del zombi de La Moncloa estén encantados de ser cómplices del caos y actúen como sicarios de quien les ha ayudado a acceder a lugares a los que no hubiesen soñado a llegar en la vida.
Lo que no se explica de ninguna manera es que haya profesionales de prestigio, cabezas bien amuebladas, que sigan sosteniendo la farsa y no salgan por patas, siendo perfectamente conscientes de que al resistir en el búnker será inevitable que la Historia les salpique de fango para los restos. Personas, desde políticos a periodistas, que están tirando por la borda su imagen pública, que cuando termine todo esto, que terminará, no podrán volver con la cabeza alta a ningún lado. Ver, por ejemplo, a Margarita Robles tragar con la brutal humillación a la que la están sometiendo evoca a que debe haber algún conjuro enigmático que se nos escapa. El verdadero veneno que dejará el sanchismo y la gran tragedia de la que nos tendremos que reponer será la de la muerte de la dignidad personal.
La gran pregunta del sanchismo
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