Era un jardín de niños donde había dos maestras de conducción muy dinámicas. Sobre los pupitres binarios, los libros a todo color para recortar y colorear. En la primera fila, también una señora, presumiblemente madre de familia.
–Y ella, ¿quién es? –pregunté.
–Ah es una mamá y ya que su niño está enfermo, vino a tomar la clase para llevarle la información y que no se retrase. Una costumbre regularmente practicada por las mamás en las escuelas japonesas –me contestó una de las maestras.
Esa escuela se encuentra en la ciudad de Sagamihara, en la provincia de Kanagawa, donde estuve como becario de El Banco Mundial, en un internado para conocer la administración educativa en Japón.
Mis visitas iniciaban con un recorrido por las instalaciones y luego presencia en las clases; charla con los docentes y reunión de trabajo al terminar las clases con todo el personal. Usualmente el director llevaba las reuniones donde me compartían la historia de la comunidad y del plantel, el perfil de los docentes y el plan de estudios; que, si bien tienen un marco nacional, cada escuela construye el propio. La jornada es de 7.30 a una para los pequeños y hasta las cuatro para los adolescentes. El calendario escolar es de 230 días y los estudiantes reciben asignaciones específicas de trabajo extra escolar para las vacaciones.
En la última escuela que visité –ellos lo sabían– me despidieron con el coro de sexto grado cantando Cielito Lindo, por supuesto, en japonés.
Al concluir la estancia en Japón, me recluí seis meses en la Universidad Estatal de San Diego para escribir el reporte que presenté en julio en el Instituto para el Desarrollo del Banco Mundial, dentro del programa de becas Robert S. McNamara. Reporte que fue la base para mi libro El espejo de una nación: la educación pública en Japón, por cierto, muy bien aceptado cuando se publicó en nuestro país. Debo subrayar que el entonces embajador de México en Japón, don Sergio González Gálvez, fue mi mentor en todo el proceso.
Me quedo con una reflexión: ¿nosotros en México le damos el apoyo a nuestros hijos en la escuela como esa mamá en Japón? La respuesta es no. La participación de los padres en las tareas de los planteles, es una asignatura pendiente en nuestro país.
POR ANTONIO MEZA ESTRADA
COLABORADOR
El autor fue Cónsul de México en El Paso y Detroit entre 2000 y 2006
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MAAZ
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