Ser así y no justificarlo. Amar las flores y dejarlas marchitar en un jarrón, o amarlas y no desearlas.
Ser eufórica, de risa escandalosa; ser tímida y sonreír con cada cosa.
Ser de semblante duro y corazón suave… o no tan suave.
Llorar hasta imaginando lo que aún no ha sucedido o resistirse a que las lágrimas corran el maquillaje… o el protector solar.
Vivir en las alturas por el ego o hacer malabares para no estar en el piso.
Estar siempre enamorada o asustarse con solo un guiño.
Andar con el corazón roto o guardado por exceso de cuidado.
Saber de letras o de cuentas. De cocina o de comida a domicilio. De limpieza en la casa o de ayuda para no romper tantos platos.
Estar cansada y tomar café para sobrellevar la rutina o hacer del café un gusto, sin el afán del día.
Ser inquieta o estar quieta. Pedir respuestas o no quererlas.
Querer contar lo que pasa o pasar por alto lo que pasa.
A veces, envuelta en tristeza; otras, sacudida por la alegría… y hasta con espacio para la melancolía.
Cambiar de opinión y de gustos… o seguir con el mismo helado de vainilla que pides desde niña.
Desear estar siempre libre… y volar, o tener una cuerdecilla que delicadamente atrae y redirige esos vuelos.
Admirar el maravilloso proceso de la gestación… y solo querer apretujar las mejillitas de los sobrinitos.
Saberlo todo o no saber nada… y aceptarlo y seguir.
Hacer ruido al entrar o salir, o abrir y cerrar las puertas con el cuidado de quien no quiere despertar a alguien.
Equivocarse y frustrarse, equivocarse y hacer duelo, equivocarse y alterarse, equivocarse y quitarse los tacones… o equivocarse y solo cambiarlos.
Equivocarse y aprender, equivocarse y saltarse el aprendizaje, equivocarse y volver a hacer lo mismo, equivocarse y no repetir el cuento… y, si es el caso, cambiar los personajes.
Cumplir lo que tienes en mente y no darle mente a lo que otros esperan.
Actuar por impulso o sosegadamente… o no actuar.
En esto quedé hilando tras leer 'Para el camino – 365 reflexiones para acompañarte', de Lewis Acuña, quien recuerda: 'Este minuto es el único momento asegurado en el que puedes ejercer control sobre lo que piensas y tomar decisiones conscientes que se van sumando para conformar tu realidad'.
Sentir… y ser… sin permisos ni justificaciones.
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