Cofundador y Co-CEO de Primero AI.
En lo que va de 2026, el precio de las acciones de Adobe ha caído un tercio y el de Salesforce más de 40%. IGV, el ETF que agrupa al sector del software, retrocedió 19%, mientras que el Nasdaq subió en la misma proporción. Todo esto ocurre en un momento en que el desempeño de ambas empresas es extraordinario: los ingresos de Adobe crecieron 13% y los de Salesforce 10% en Q2'26 vs. Q2'25. ¿Cómo es esto posible? Mi respuesta es que el ERP (Sistema de planificación de recursos empresariales, por sus siglas en inglés) y el software corporativo están muriendo, y la causa no es una moda tecnológica, sino un cambio económico de fondo: el software dejó de ser escaso. Construir software era tan caro que solo unas cuantas empresas en el mundo podíanhacerlo bien. Su modelo fue construir un mismo producto y vendérselo a miles de compañías con márgenes excesivos. El precio oculto lo pagaba el cliente. Existían pocas buenas herramientas; todas las empresas usaban la misma. De esta manera, las empresas se veían obligadas a adaptarse al software, y no al revés. La escasez también generó el otro problema enorme del software corporativo: la fragmentación. Como cada herramienta era rígida y especializada, las empresas terminaron con una para finanzas, otra para logística, otra para lo fiscal, un gestor de documentos y decenas de suscripciones más. El resultado es una operación regada en silos: ningún sistema ve el negocio completo, y las decisiones se toman de forma aislada. Sin embargo, la inteligencia artificial está cambiando todo. Cuando la IA puede escribir software en días, desarrollarlo deja de ser un privilegio de pocos. Construir software unificado y personalizado ha dejado de ser inimaginable. La facilidad para desarrollar software también resuelve la fragmentación: esas 100 herramientas se pueden reemplazar por una sola, interna y propia, que junte la información de todas y opere como un solo ecosistema adaptado a la empresa. Aun así, dentro de las empresas, la llama de esta revolución apenas se va prendiendo. Todos los CEOs ya usan ChatGPT en su día a día, pero la IA en casi ninguna empresa ha tocado las operaciones que mueven el estado de resultados: el crédito que un cliente necesita para crecer, el precio que sostiene el margen de una tienda, la logística y el inventario que ponen producto en el anaquel, el fraude y las disputas que drenan millones en silencio. La adopción de la IA se ha quedado en la superficie (chatbots, asistente personal, etcétera), mientras el corazón del negocio sigue corriendo sobre los mismos sistemas rígidos de siempre. Ahí está la verdadera oportunidad perdida: un agente de IA puede ejecutar un proceso completo de principio a fin y medir su valor en resultados operativos, no en licencias instaladas. La oportunidad real, entonces, no es usar la IA para reemplazar el software que ya existe, sino para construir lo que cada empresa necesita, sobre los datos que ya tiene. El ERP no va a desaparecer mañana. Lo que muere es la era del software de talla única y, con ella, el papel del ERP como cerebro de la empresa. Ese lugar lo va a ocupar el software que antes era imposible construir y ahora sí se puede: hecho a la medida de cada negocio. Esto es lo que estamos construyendo en Primero, convencidos de que ninguna empresa tiene por qué llegar tarde a la era de la inteligencia artificial. Pueden llegar primero.
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