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Editorial El Tiempo

El Niño ya está aquí

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El fenómeno de El Niño ya es una realidad, y con él comienza una de las primeras grandes pruebas para el nuevo gobierno. Ahora se trata de enfrentarlo y hacerlo con la urgencia que demanda un fenómeno de magnitudes históricas. Sus severas consecuencias empiezan a sentirse, y los próximos meses exigirán capacidad de anticipación, coordinación y respuesta. Es esta una responsabilidad particularmente exigente en Colombia, un país vulnerable a las variaciones climáticas y en donde los períodos prolongados de sequía repercuten sobre múltiples frentes, desde la agricultura y el abastecimiento de agua hasta la generación de energía. Lo cierto es que enfrentar un fenómeno de esta magnitud requiere actuar simultáneamente en varios campos. Las políticas del gobierno anterior, que hicieron retroceder al país en su soberanía energética, hacen más complejo un panorama que debió haberse afrontado con mayor anticipación técnica y menos sesgo ideológico. Lo que corresponde ahora es apurar el paso. Están las medidas para mitigar sus efectos sobre el sector agropecuario; las acciones de prevención y atención que le competen a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), especialmente frente a la sequía, los incendios —que ya padecemos— y el desabastecimiento; y están también las estrategias dirigidas a reducir el consumo de agua y energía. Esta última es una pieza imprescindible. Lo ha sido en episodios similares y vuelve a serlo ahora, cuando desde el martes pasado está en marcha una iniciativa de ahorro de energía diseñada por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg). Hay que decir que su lógica es prudente y acertada: estimular a quienes reduzcan su consumo y establecer cobros adicionales para quienes lo incrementen por encima de ciertos márgenes. El mecanismo fija para cada usuario una referencia basada en su consumo durante los doce meses anteriores. Quien logre ubicarse por debajo del 90 por ciento de esa referencia generará un ahorro que podrá ser reconocido, mientras quien supere el 110 por ciento deberá pagar un valor adicional por la energía excedente. Existe, por tanto, un margen del 10 por ciento antes de que opere el desincentivo, algo importante si se tiene en cuenta que el propio fenómeno puede aumentar las necesidades de electricidad, especialmente en las regiones de clima cálido. Es igualmente positivo que la estrategia no se limite a castigar el consumo excesivo, sino que premie el ahorro. Allí hay una apuesta interesante por modificar la cultura alrededor del uso de los recursos. Colombia conoce el valor de estas estrategias. Durante la emergencia energética de 2016 funcionó 'Apagar paga', que estimulaba el ahorro y cobraba por el consumo excedente. Durante la crisis de los embalses que abastecen a Bogotá en 2024 también se establecieron cobros para quienes superaran determinados niveles de consumo de agua. Más recientemente, Medellín ha dado otra muestra de la importancia de la respuesta ciudadana. Tras comenzar cortes programados de agua por la reducción de los caudales, las autoridades pudieron suspender temporalmente el racionamiento después de conseguir un ahorro equivalente a 120 litros por segundo. Allí el incentivo fue todavía más tangible: ahorrar entre todos para evitar los cortes. Este es un mensaje de que la conciencia de ahorro es valiosa y de beneficio común. Naturalmente, una medida de estas características necesita una comunicación clara. Los usuarios deben saber cuál es su referencia, cuánto pueden consumir sin generar un cobro adicional y de qué manera se reconocerá su esfuerzo. Una política destinada a modificar millones de pequeñas decisiones cotidianas requiere buena comunicación y reglas fáciles de entender. Es asunto de responsabilidad ciudadana. Pero es apenas una parte de una tarea mucho mayor. El Niño será una prueba de fuego para el nuevo gobierno, porque obligará a demostrar su capacidad para hacer funcionar al Estado de manera coordinada. El Ministerio de Minas y Energía, la Creg, la Superintendencia de Servicios Públicos, la UNGRD, las autoridades territoriales y las empresas prestadoras no pueden actuar como compartimentos separados. Necesitan compartir información, anticipar escenarios, definir prioridades y trabajar en una misma dirección. Estamos ante un reto enorme que nos toca a todos. El Niño ya llegó, y las advertencias sobre su intensidad obligan a tomarlo con toda la seriedad necesaria. A los ciudadanos les corresponde apelar a la conciencia, hacer su parte clave mediante un consumo responsable, pensando en que cada gota desperdiciada hoy será vital después, que cada bombillo apagado es una luz mañana. Y al Gobierno, conducir una respuesta integral, coordinada y eficaz. En un país particularmente vulnerable a los extremos climáticos, esta será una prueba de fortaleza de la infraestructura y la capacidad de las instituciones para anticiparse, entenderse y actuar coordinadamente frente a una amenaza común. EDITORIAL editorial@eltiempo.com
El Niño ya está aquí
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