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Victor Entrialgo

Victor Entrialgo: «Es precisa la destitución»

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Lo pide el pueblo soberano del que emanan «todos» los poderes del Estado: Es precisa la destitución del presidente del gobierno porque la intención, no de controlar, sino de secuestrar las instituciones está más que demostrada: Monarquía, Fiscalía Poder legislativo, Poder judicial, Agencia tributaria, Tribunal de cuentas, Delegaciones de gobierno…etc… No es cierto que la Constitución impida la destitución porque eso sería consagrar ésta o cualquier otra tiranía que esté apoyada por suficientes esbirros. Eso contravendría el artículo más importante, el.primero, de nuestra Constitución, sin el cual no existiría siquiera ordenamiento: «La Soberanía corresponde al pueblo español del que emanan todos los poderes del estado». Ni siquiera el Tribunal constitucional podría cuestionarlo sin incurrir en perjurio y en traición. Por tanto las normas de interpretación de normas tienen que permitir al Tribunal Supremo la destitución de un presidente que desoye al soberano, secuestra al Monarca y resto de instituciones. Es mentira que esto sea democracia. Es mentira que esto sea un estado de derecho. Es mentira que el pueblo sea el soberano. La mentira ha sido elevada a categoría de estado. La Nación está bloqueada. Esto es un golpe desde el principio. Es una situación excepcional, que está prevista constitucionalmente, como lo es la omisión clamorosa de sus cómplices, políticos y económicos, que también deberán dar cuenta en su momento. El pueblo soberano tiene derecho a su legítima defensa. No bastan las mentiras ni las palabras vacuas, inútiles y ridículas de un parlamento extravagante infestado de fuerzas golpistas y filoterroristas. No basta la farsa de unos pardillos acogidos ahora en las televisiones cuando pierden todos sus votos y solo ganan en botox, trapos y peluquería. Los que a gusto en el machito de sus privilegios amagan y no dan, frente a un mentiroso compulsivo y maniobrero que retuerce sobre la marcha la realidad como el mocho de una fregona. Ha convertido a España en un país de mentira y de ficción. De Mortadelo y Filemón. La juventud no tiene donde vivir, pero tiene entrada para todos los conciertos. Nos ha enfrentado con Oriente y occidente, con el mundo entero de EEUU a Israel, pasando por Rusia y 21 paises europeos con los daños que ello acarrea para distraernos en su huida hacia delante, no ya por los juicios que vienen sino por lo que los marroquíes saben de él y su mujer, y para salvar su culo está convirtiendo a España en un paria internacional. Lo que llama ultraderecha no existe. Y lo que está pasando en toda Europa lo han traído ellos. El sanchismo, el wokismo y la burocracia de Bruselas. ¿Hace falta dar más razón que los procesos en los que está inmerso, la incompetencia, el chantaje al que ha sometido a la Nación además de la invasión y la traición? ¿ Hace falta algo más para destituirle, incapacitarle, compelirle, en nombre del pueblo, a presentar la renuncia antes de condenarle? ¿Hacen falta más de ocho años de oprobio para que una democracia secuestrada que va camino del abismo se despierte y se defienda? Lo que no basta ya es el juego de políticos y medios. Puede que «el venga y dale» sobre Sanchez, por la mañana en el parlamento y por la noche en los medios, sea para algunos rentable, sobre todo para la inhibición interesada del Ibex35. Pero no basta. No basta retroalimentarse con el escándalo. Al español no pueden bastarle el fútbol, las terrazas, las cañas, los concursos y las fiestas para entretenernos con nuestros impuestos. Ni siquiera pueden bastarle ocho años de zurra, somanta y apaleamiento en redes y medios. Esto no da para más. La legalidad precisa ser interpretada desde la serenidad y el artículo uno de la Constitución, desde las normas de interpretación de normas que no obstaculice el ejercicio de su soberanía y no se le oculte aquello que ponga en peligro la integridad territorial. Pero se precisa actuar. El art 3 Código civil establece que las normas se interpretarán, según el sentido literal de las palabras, su contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y «la realidad social», priorizando siempre «su espíritu y finalidad». La realidad social para interpretar el estado y espíritu de esa soberanía popular en este momento no ofrece dudas. No se trata de la soberanía como enunciado vacío, la nudasoberanía, sino de que corresponde al pueblo el ejercicio de la soberanía. La no dimisión del presidente ante un clamor popular tan incontestable demuestra que el soberano ha sido privado de sus poderes y que el presidente se agarra al poder como única defensa judicial. Y pone en evidencia que alguna autoridad o institución del Estado tendrá que decir algo y no limitarse exclusivamente a asegurar su continuidad, en particular el poder judicial. El artículo 1.4 del Código Civil español establece que los principios generales del derecho se aplican, en defecto de ley o de costumbre, sin perjuicio de su carácter informador de todo el ordenamiento jurídico. Y si no hay impeachment habrá que acogerse a la costumbre y a los principios generales para impedir la persistencia en el abuso y la desviación de poder, en la lucha frente a las inmunidades del poder de la que hablaba Iehring. Y si no crear el.precedente. Se precisa destituir al presidente del gobierno por los muchos daños, algunos irreversibles, que ha causado y puede causar a la Nación. Discutamos la forma si se quiere. Pero la necesidad no. Procede la destitución del presidente del gobierno Y luego el enjuiciamiento. Y con él de todo el gobierno. No cabe un comportamiento así sin una grave contradicción en los instintos. Tarde o temprano va a suceder. Hagámoslo antes de que sea demasiado tarde. Si no se destituye a un presidente sitiado que ni legisla ni gobierna, que pisotea la ley y es aplaudido en su macarra chulería por cuatro palmeros. Que se limita a realizar maniobras de evasión ante procesos judiciales contra su mujer, su hermano y sus más cercanos colaboradores o catástrofes sin cuento, volcán en la Palma, golpe separatista en Cataluña, riadas en Valencia, homicidio culposo en Adamud y ahora una invasión, derivando siempre sus responsabilidades en el CNI, jueces, policía, guardia civil o quien haga falta; Si no se destituye a un traidor que se sigue burlando del soberano permitiendo todos los chantajes imaginables por conservar el poder habremos perdido por el camino la dignidad y no merecemos llamarnos españoles. Se precisa la destitución de Sanchez y su gobierno en ejercicio de la legítima defensa de la democracia. No es cierto que la Constitución lo impida porque eso sería consagrar ésta o invitar a otra cualquier tiranía que esté apoyada por los suficientes esbirros a hacer lo.mismo durante cuatro, ocho o los años que fueren. Eso contradice el artículo primero de nuestra Constitución, el más importante, sin el cual no existiría siquiera ordenamiento. Ni siquiera el Tribunal constitucional podría cuestionar la soberanía del que emanan todos los poderes del estado sin incurrir en perjurio y en traición. Por tanto las normas de interpretación de normas tienen que permitir al Tribunal Supremo la destitución de un presidente que vulnera el artículo primero destruye la soberanía, voluntad popular, manifestada en innumerables ocasiones, y su integridad territorial y secuestrada de modo flagrante los poderes que del pueblo emanan incluída la institución de la Monarquía, creando una insoportable alarma social. No cabe alegar que ésta sólo se manifiesta en urnas que el pueblo ha visto manipuladas por el propio dictador, ni cabe condenar al pueblo a tener que soportar a un tirano durante cuatro u ocho años porque no se haya desarrollado un proceso de destitución, obligándole a dar tiempo a que le manipulen la siguiente farsa con medios humanos o tecnológicos. Procede la destitución del presidente del gobierno. Porque si ellos no lo hacen, lo hará al pueblo. Porque en España, lo que no ha hecho el pueblo, se ha quedado sin hacer.
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