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Ana Calvo

Ana Calvo: Todo va a ir bien, en EL RADAR de MUJERHOY

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Hace unos días, nuestra directora Charo Marcos publicaba una carta en la que nos felicitaba el año nuevo, ese que para muchas comienza el 1 de septiembre. Para mí, en realidad, ese reset arranca una semana después: mi particular año nuevo es la vuelta al cole. Hoy para muchos, vaya. En este día de carreras de mochilas, olor a libros nuevos, reencuentros y despedidas, no puedo evitar sentir mariposas en el estómago. De mucha ilusión, de bastante nostalgia. Un poco de miedo también. Y, sobre todo, de incertidumbre. Y esas mariposas son las que más me revuelven. Reconozco que me cuesta volver a la rutina de septiembre. A los calendarios marcados. A la disciplina con color de otoño. A las prisas. «Haz los deberes». «Venga, sube a casa que hay que cenar». «Hay que irse a la cama que madrugamos mucho». «¿Que mañana tienes que llevar qué?». Sé que muchos necesitan ese orden del día, pero yo soy una chica (¿señora ya?) de dejarse llevar. Al menos, en verano. Sin reloj. Supongo que es otra de mis contradicciones, pero después de semanas de desconexión, recuperar las rutinas y los hábitos no es sólo un cambio de horario: es un proceso de reajuste mental que me da más de un dolor de cabeza. La psicología llama a esto la «transición de contexto«. El neurocientífico David Rock explica cómo nuestro cerebro es una máquina de predecir. Cuando estamos en rutina, gasta poca energía porque sabe qué esperar. Pero cuando nos enfrentamos a un nuevo comienzo (seas niño o adulto), el cerebro entra en alerta por incertidumbre. Y la incertidumbre, otra vez mi misma enemiga, resulta que para nuestra mente se procesa en el mismo lugar que el riesgo o la incomodidad. Es más, aunque él se refiere al ámbito laboral y de la productividad Rock señala en su modelo SCARF que la falta de certezas genera una respuesta de amenaza semejante al dolor físico. Así que frente a ella, intento construir un lugar seguro. «Va a ser un curso increíble», llevo días diciendole a una niña de 6 años que no tiene la más mínima preocupación porque, ella sí, tiene la certeza absoluta, sin que yo se lo recuerde, de que así será. Así que me doy cuenta de que, en realidad, esas palabras no se las digo a ella, me las digo a mí. Necesito saber que todo va a ir bien, que será el mejor año de su vida (hasta el próximo, que será todavía mejor). Necesito que sepa que somos su refugio, ese safe heaven del que habla John Bowlby en su Teoría del Apego. Aunque, en realidad, ella sea el nuestro. «El error es creer que existe un antídoto para la incertidumbre» David Levithan Escritor Bowlby explica que los niños necesitan explorar el mundo y enfrentarse a lo desconocido, pero solo pueden hacerlo con éxito si saben que tienen un lugar seguro al que regresar cuando la incertidumbre los abrume. Nosotros estamos llamados a ser ese puerto. Con un simple abrazo, con un «¿has sido hoy feliz?» somos capaces de conseguir que su sistema nervioso se autorregule. Lo que quizá no dice el estudio, pero yo tengo clarísimo, es que ese efecto bálsamo tiene dos direcciones. Volver a casa siempre será la mejor parte de irse.
Ana Calvo: Todo va a ir bien, en EL RADAR de MUJERHOY
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