El próximo 23 de septiembre se celebrarán en Marruecos las elecciones legislativas , las cuartas desde la reforma constitucional del 2011, impulsada por las masivas protestas populares de la 'primavera árabe'. El gran reto que afrontan estos comicios es la tasa de participación en esta praxis marcada tradicionalmente por un alto índice de boicot por la población. El desinterés general por este ejercicio democrático refleja el grado de desconfianza de la ciudadanía de los actores políticos dentro de una monarquía ejecutiva que favorece , con una abierta desfachatez , a una élite política amedrentada que existe única y exclusivamente para servir los intereses del régimen .
Esta cita electoral , la sexta bajo el reinado de Mohamed VI, interviene en un contexto político caracterizado a escala regional por una enésima crisis política con España a raíz de la ola migratoria hacia Ceuta , cuyos entresijos siguen generando debate en las dos orillas el mediterráneo. A nivel local , estas elecciones se celebrarán en el marco de una aguda fragmentación del paisaje político en el país donde la población, particularmente los jóvenes, son profundamente escépticos hacia un proceso político incapaz de responder a las legítimas expectativas populares en materia de educación, sanidad, empleo e igualdad social y territorial . La periodicidad de estos comicios y la dinámica constitucional no han sido suficientes para poner en práctica las reformas políticas necesarias para la democratización efectiva del país y la instauración de una verdadera monarquía constitucional. A todo esto se añade la debilidad de los partidos políticos y la ausencia de una verdadera oposición en las dos cámaras del parlamento.
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