Paracelso, el paradigma de los alquimistas, de hecho no lo era. O no lo era en el sentido que hemos otorgado habitualmente a la alquimia. Es cierto que buscaba la conversión de los metales en oro y que perseguía la fórmula mágica de la piedra filosofal, que debía conferir la curación de todos los males y, ya puestos, la vida eterna, pero, de hecho, Paracelso puso los cimientos de la química aplicada a la medicina y fue un verdadero precursor científico. Dejó unas cuantas máximas, una de las cuales sirve no solo para el tratamiento farmacológico, sino como ideario de vida, así, en general. Inventó, de hecho, la posología: Dosis sola facit venenum. Es la dosis la que hace el veneno. En catalán coloquial, con un espléndido juego de palabras, diríamos que totes les masses piquen, el exceso te golpea.
He pensado en Paracelso al enterarme que la semaglutida, el principio activo del Ozempic y de otros medicamentos similares, además de todos los beneficios que parece que proporciona y de las aplicaciones contra la diabetes, la obesidad, las enfermedades de hígado, corazón y riñones o la apnea del sueño, también podría retrasar el envejecimiento y, pues, alargar la vida. Por ahora, parece que varios ratones medicados han vivido más días que los compañeros de laboratorio sin semaglutida. La piedra filosofal, pues, a pesar de las prevenciones que hacen al caso, finalmente ya está aquí. Seremos más delgados, más sanos y más longevos, aunque tendremos que ir al gimnasio para reforzar la musculatura y para que los pingajos no sean tan visibles. Paracelso, al fin, habrá triunfado póstumamente, aunque yo, cuando mis hijos eran pequeños, pensaba que Dalsy (el nombre comercial del ibuprofeno adaptado a los niños) ya actuaba en este sentido. Unas gotitas de aquel elixir rojo y la fiebre huía y volvía la placidez doméstica.
Tengamos paciencia, sin embargo. Paracelso, que, por cierto, tenía sobrepeso si hacemos caso al retrato que le hizo el gran Quentin Massys, recomendaba administrar las gotas con cuidado, no fuera que los efectos secundarios nos aguaran la fiesta.
*Escritor
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