Centro geográfico de Gipuzkoa con sus 1.078 metros: Hernio. Testigo de las romerías que todos los domingos de septiembre se celebran en su base, el collado de Zelatun. Fuimos el último lunes de agosto. Mi nieto Kerar, de cinco años, y yo, casi setenta de diferencia, acompañados de otros familiares, para finalizar las vacaciones estivales. Los padres del chaval a sus curros, las nietas postizas, Polina y Vicka, a la escuela en Ucrania y yo, a lo mío. Eso sí, fue mi última ascensión. El penúltimo tramo, el de las piedras sueltas, es pelín complicado y exige mucha atención para evitar caer al abismo. El chaval iba de la mano de su padre.
Iniciamos el ascenso atravesando la umbría de la histórica ermita de San Juan Bautista, que fuera sede de las juntas de la Alcaldía Mayor de Sayaz (Aia, Albiztur, Beizama, Bidania, Errezil y Goiatz), citada en la Ordenanza de la Hermandad de la Provincia del año de 1397. Está ubicada junto a la venta de Iturriotz, donde Ignacio de Loyola hizo noche en mayo de 1535 cuando, procedente de París y pasando a la vera del caserío Granada, todavía sin vivero de truchas, en Errezil, se dirigió al hospital de la Magdalena de Azpeitia.
No existe un camino propiamente dicho. Son trochas trazadas por las pisadas del ganado que dificultan un ritmo de pasos uniforme.
Kerar, que ya subió al vecino Gazume (1.001 metros) me indicaba la senda más cómoda o la piedra que debía pisar para no resbalar. Es charlatán, curioso, ávido de saber, preguntón, competitivo. Le interesa cada insecto o ave; cada vaca que estaba en el bosquecillo; el nombre de la capa de cada yegua, el volumen de agua que precisa beber al día o las horas que camina a diario buscando su pitanza y, añado yo, evitar los cólicos. Y lo mismo de las ovejas y sus diferencias con el carnero o las cabras.
En cada agujero, y hay cantidad en aquel paraje kárstico de caliza arrecifal, imaginaba el refugio de una zorra, un tejón, un jabalí, un lobo o el oso enorme que aseguraba haber visto, para asustarme. Logró que sintonizara con aquel adolescente que hizo ese mismo recorrido con la cuadrilla del colegio, hace más de 50 años, desde Zizurkil y a pie. Le estoy muy agradecido. Me gustaría prorrogar tan mágica relación, pero yo, de vuelta de tantas cosas, sé que no es posible. Él, en su inocencia, se cree que sí y hace ilusionantes planes a futuro.
El refugio en la base de la mole, Erniozaleak, impecable. Se agradece para el descansito e hidratación previos al remate de la ascensión. La cima igual que la última vez, si exceptuamos las pintadas en la cruz, 'Mendietan ez'. Al regreso, una vasculitis inducida en los aplomos. Cosas de la edad.
Masa amorfa
Hace poco hubo lío por el elevado porcentaje de alumnos que suspendió el examen de euskera –y de otras asignaturas– de la PAU (Selectividad). Son analfabetos funcionales o casi. El fenómeno se repite en casi todo el mundo occidental.
Le ocurrió a Darius Williams, docente de la Escuela Secundaria Wheatley en Houston (Texas), que entregó a sus alumnos de 17 y 18 años dos párrafos para leer y les pidió que completaran una frase que, según explicó, acababan de ver en un vídeo. Ninguno pudo insertar las cuatro palabras que faltaban. No sabían leer ni escribir. Frustrante.
Numerosos profesores universitarios se quejan de que un creciente número de sus alumnos apenas saben redactar y cometen infinidad de faltas de ortografía. No entienden lo que leen. Por no hablar de otras limitaciones formativas.
Algunos sociólogos lo pronosticaron hace años. La sociedad del futuro se va a componer de una élite con niveles de formación muy altos y una masa de ciudadanos amorfa, medio analfabeta, que será muy manejable, precisamente, por su escaso nivel formativo.
Algunos autores, Ortega y Gasset lo sugiere en España invertebrada, afirman que una sociedad puede funcionar perfectamente con una minoría de su población bien formada –los cuadros– porque el resto sigue a ese pequeño grupo sin darse cuenta, sin oponer resistencia, adoptando un comportamiento de rebaño. Lo vemos en los partidos políticos hoy. Y encima, ni están bien formados ni son electos.
Consejeros aúlicos
Ya han regresado también los 'cerebros' de los políticos con mando en plaza que, mayoritariamente, vacaban. En los próximos días tratarán de enmendar suavemente los desaguisados cometidos por sus patrones durante su ausencia.
Especial el embolado que le aguarda a MAR con la compra y venta del ático de Chamberí. Parece que en algunos ambientes ya van tomando distancia de la pescatera.
Luego están las que han montado los segundones, los palmeros que asienten cada vez que el líder dice alguna majadería que, en ausencia de los jefes, para promocionarse, nos han dado la barrila con las vacaciones del presidente o proponiendo el confinamiento de la ciudad autónoma para evitar las siete plagas vehiculadas por los infieles que se ciernen sobre los buenos cristianos.
También habrá que disimular el tiempo perdido por la inacción gubernamental ante el descontrol de la situación ceutí y la falta de previsión. Hay trabajo para todos, pero lo de Ceuta se irá complicando. Como ocurre en todas las especies, la falta de condiciones de higiene, alimentación, reposo y el hacinamiento, crean frustración y generan agresividad. Qui prodest?
Mientras, como dice el viejo lema circense que popularizó la banda británica Queen, The show must go on, 'el espectáculo debe continuar', y el regidor de este vodevil llama a escena a la troupe que forman el juez, la fontanera, la catedrática, el hermanísimo, el comisionista del petróleo venezolano, las hijas del zapatero-joyero, la Kitchen, Villarejo, Koldo y demás 'Torrentes', elenco del teatro ambulante que me recuerda a los que, mucho más decentes, se instalaban hace décadas en la plaza de Pío XII: Lido, Argentino y Manolita Chen, propiciando la condena al fuego eterno de tantos espectadores.
Hoy domingo
Ensalada de tomate. Chipirones plancha. Melón. Rosado Gran Feudo. Agua del Añarbe. Petit fours de Gasand. Café.
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