Julián Escobar Rincón* - www.drjulianescobar.com
Hay momentos en los que todo parece detenerse. En los que aquello que dábamos por seguro (una casa, una calle, una rutina, un movimiento) cambia de un momento a otro y nos obliga a replantearnos la vida. El terremoto que vivimos nos recordó, de manera dolorosa, que la fragilidad también hace parte de nuestra existencia. Pero, así como vimos caer estructuras, también empezamos a ver algo más poderoso: la capacidad de levantarnos.
Hoy nuestra ciudad comienza a sanar. Poco a poco se van los escombros, los edificios empiezan a ser reparados, las familias reconstruyen sus hogares y, sobre todo, la solidaridad se convierte en una fuerza capaz de superar el miedo y la incertidumbre.
En medio de la devastación, hemos visto personas ayudando a otras, equipos trabajando sin descanso y una comunidad que entiende que reconstruir no es tarea de uno solo. Allí encontré un sentido paralelo con lo que ocurre cuando una persona enfrenta un accidente, una enfermedad o una lesión.
El cuerpo humano también puede sufrir terremotos. A veces ocurren de manera súbita, como una fractura o un trauma. Otras veces llegan lentamente, como una enfermedad degenerativa o el deterioro asociado al paso de los años. Y, al igual que una ciudad después de un desastre, el cuerpo necesita tiempo, planificación, trabajo y, muchas veces, ayuda para volver a funcionar.
Sanar es recuperar. Recuperar movimiento, fuerza, equilibrio y confianza. Recuperar la autonomía para vestirse, caminar, trabajar, practicar un deporte o abrazar nuevamente a alguien.
La rehabilitación de un paciente es un proceso que requiere mucho más que la intervención de un médico. El trabajo multidisciplinario, en el que participan médicos, fisioterapeutas, enfermeros, psicólogos y otros especialistas, permite abordar al paciente de manera integral; teniendo en cuenta no solo su lesión o enfermedad, sino también sus necesidades físicas, emocionales y sociales.
Cuando todos trabajan hacia un mismo objetivo, la recuperación se convierte en un esfuerzo colectivo que favorece mejores resultados y permite al paciente recuperar, de manera, segura y progresiva, su autonomía y calidad de vida.
Cada pequeño logro cuenta y, en ese proceso, hay una palabra que adquiere especial significado: determinación. Porque rehabilitarse no siempre es fácil. Requiere paciencia, disciplina y esfuerzo. Hay días de avances y otros en los que parece que nada cambia. Pero la recuperación pocas veces ocurre de un momento para otro. Se construye lentamente, como se reconstruye una ciudad: ladrillo a ladrillo, paso a paso.
El terremoto nos dejó dolor, pérdidas y heridas que tardarán en desaparecer. Pero también nos ha mostrado nuestra capacidad para ayudarnos, resistir y volver a construir.
Recuerde cuando vea un paciente o una persona en recuperación de una enfermedad que él o ella está en reconstrucción y también necesita nuestra solidaridad, empatía y apoyo.
Quizás esa sea una de las grandes lecciones que podemos llevarnos de estos días: volver a empezar no significa olvidar lo ocurrido. Significa tener la determinación de construir nuevamente a partir de lo que quedó.
- Una ciudad puede levantarse después de un terremoto.
- Una persona puede levantarse después de una lesión.
- Ambas necesitan tiempo, esfuerzo, acompañamiento y esperanza.
- Porque, al final, rehabilitar también es una forma de reconstruir.
* Cirujano de mano y miembro superior, ortopedista y traumatólogo.
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