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La Jornada

El laboratorio venezolano y los migrantes

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Las elecciones en países de América Latina como Honduras, Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia fueron manchadas por las manipulaciones de personajes ligados a la ultraderecha internacional y a las cloacas de seguridad de Estados Unidos, con Fernando Cerimedo a la cabeza. Situación que en parte explica por qué vencieron los candidatos que representaban las posiciones más neofascistas. Con ellos en la región parece profundizarse la persistencia de la dependencia y el colonialismo en el poder al aceptar mantener el control de los instrumentos financieros, digitalización controlada por corporaciones del Norte global, el extractivismo en toda su extensión, la subordinación tecnológica y las políticas migratorias restrictivas. Frente a ellos quedan dos países que tendrán elecciones y que buscan hacer efectiva la autonomía económica, replanteando el desarrollo como emancipación: México y Brasil. Aunque la intención de esa derecha internacional pretende manipular las conversaciones para las siguientes elecciones, es de esperarse que al haber conocido esas estrategias, los electores lo tomarán en cuenta. En este contexto, lo que está sucediendo en Venezuela después de la invasión militar de Estados Unidos en la que fueron asesinados los guardias cubanos del presidente Nicolás Maduro y otros civiles, seguido del secuestro del mandatario y su esposa Cilia Flores, y llevados a una cárcel de Estados Unidos, se encuentra en la misma línea de injerencia. Lo que resulta difícil comprender es la actitud de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Tal parece que ha aceptado plegarse a todas las condiciones impuestas por Donald Trump y no sólo eso, sino asegura que ¡todo beneficia a los venezolanos y a la soberanía del país!, cuando en realidad se pasó de una política orientada al aislamiento de la industria petrolera venezolana a otra que permite su recuperación, pero con importante participación de empresas extranjeras, y condiciones que otorgan a Washington el acceso más que privilegiado a las enormes reservas de hidrocarburos. Como señala Denis Warrior, 'Irak y Venezuela muestran un mismo patrón, el de un país productor que entrega el control de sus ingresos petroleros bajo la promesa de una reconstrucción futura cuyo cronograma queda en manos de quien administra el fondo'. ¿Se trata de la traición de la presidenta interina Delcy Rodríguez o es que tiene una pistola apuntando a su cabeza que la obliga a decir que el petróleo venezolano que será parte de las reservas de los estadunidenses es magnífico para Venezuela? Ambiente de gran especulación, sin embargo, más allá de lo observable, la pregunta: ¿es la rendición del chavismo al criminal que invadió su país para robar su petróleo y que se ufana de ser el acuerdo petrolero más importante de la historia, y que duplicará las reservas estadunidenses sin costo para el contribuyente? Lo que puede ser un dato esclarecedor es observar lo que pasa con el fenómeno migratorio. Recordemos que el régimen de sanciones comenzó con Obama en 2015, pero el cambio cualitativo fue con Trump en 2017. Sancionó a la petrolera PDVSA al financiamiento internacional y en 2019 bloqueó sus activos. El Banco de Inglaterra mantiene unas 31 toneladas métricas de oro del Banco de Venezuela, cuyo valor ronda los 4 mil millones de dólares. La propia Relatoría Especial de Naciones Unidas sobre medidas coercitivas unilaterales intervino formalmente respecto a la congelación de ese oro. El resultado, por supuesto, afectó a la economía del país, es decir, menor capacidad de exportar y cobrar el petróleo, menos divisas, menores importaciones e inversiones, deterioro económico y salarial, y, por supuesto, una extraordinaria presión migratoria. En este contexto se produjo una de las mayores diásporas contemporáneas: es decir, de menos de un millón de venezolanos residentes en el exterior en 2015 se pasó en los años siguientes a cerca de 8 millones de migrantes. Si bien comienzan a observarse menores salidas de venezolanos y movimientos de retorno, es todavía insuficiente para hablar de una reversión masiva de la diáspora. Sin embargo, si los venezolanos comienzan efectivamente a regresar, se confirmaría que la migración de la década anterior fue resultado de una estrategia de presión económica externa que redujo los ingresos externos y la capacidad de invertir, cuyos costos terminaron recayendo, como siempre y fundamentalmente, sobre la población. La pregunta sigue en el aire: ¿cuál será el costo de esa estabilización en términos de soberanía sobre sus recursos y del proyecto emancipador que representó el chavismo?
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