Cientos de miles de viviendas anunciadas (hasta 276.000 había prometido), miles de millones presupuestados y apenas un 1,8% de ejecución. La política habitacional del Gobierno de Sánchez se estrella contra el muro de la realidad, como todo lo que dice y predica. Aunque reconozco que hay algo admirable en la política de vivienda de Sánchez: sus casas tienen una ventaja extraordinaria sobre las viviendas normales, no se pueden okupar y tampoco se pueden habitar, y es porque nunca han llegado a existir. Me lo tomo con un poco de ironía, espero que ustedes también, porque sufrir a toda esta tropa no es peccata minuta.
Pedro Sánchez lleva años construyendo una España inmobiliaria virtual paralela. Una España de maquetas, infografías, cifras redondas y ceremonias solemnes para dibujarnos cientos de miles de viviendas públicas esperando a sus futuros inquilinos, jóvenes que se emancipan felices y radiantes y familias económicamente vulnerables protegidas por un Estado providencial. El problema es que esa España sólo existe en las presentaciones y en la imaginación de Moncloa. En la otra, en la España real, en la de los ciudadanos, encontrar una vivienda asequible se ha convertido en una prueba de resistencia. Ante semejante panorama, cualquier Gobierno serio debería responder con una cosa muy poco espectacular: ejecución.
Y aquí comienza la tragedia -o la comedia, según se mire- del sanchismo habitacional. Hasta junio de 2026, el Ministerio de Vivienda únicamente había ejecutado un 1,8%. El dato tiene algo de caricatura. Y no hablo de una anomalía aislada: la ejecución hasta junio fue del 7,1% en 2024, cayó al 5, 3% en 2025 y se desploma ahora en este 2026 hasta el 1,8%. Y esta es la información oficial elaborada por la Intervención General del Estado sobre la ejecución presupuestaria: el Gobierno solo ha gastado en los primeros seis meses del año 66 millones (obligaciones reconocidas netas) de los 3.595 millones de euros habilitados como créditos definitivos para el Ministerio de la Vivienda. Lo que significa que, en plena catarsis del sector, el Ejecutivo sólo ha utilizado, insisto, el 1,8% del dinero habilitado. Se trata del porcentaje más bajo desde que Sánchez creó en esta legislatura un ineficiente e ineficaz departamento ministerial para atender esta demanda.
Y ahí está el agujero negro de esta política ficticia de vivienda: entre el anuncio y la entrega de llaves existe una distancia infinita y con una España que continúa funcionando con unas cuentas prorrogadas. Gobernar sin unos Presupuestos actualizados no puede derivar en una normalidad permanente. Pero ninguna dificultad parlamentaria explica por sí sola que el Ministerio llamado a afrontar una de las mayores emergencias sociales del país presente una ejecución tan irrisoriamente baja. Al final, todo se reduce a una cuestión sencilla. Anunciar vivienda no es hacer vivienda. Presupuestar dinero no es gastarlo. Y prometer llaves no es entregarlas.
Después de tantos planes, tantas cifras y tantos anuncios grandilocuentes, el Gobierno debería comprender que los españoles ya no necesitan más presentaciones virtuales a bombo y platillo. Necesitan viviendas que existan.
Nos mienten a la cara una y otra vez, sin el menor escrúpulo. Juegan deliberadamente con la ansiedad, la incertidumbre y las necesidades de los ciudadanos, alimentando expectativas que saben perfectamente que difícilmente podrán cumplir. Esto no es lo que merecemos. Los españoles merecemos respeto, verdad, responsabilidad y, sobre todo, gobernantes a la altura del país que tienen la obligación de servir.
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