Señoras y señores, ayer se jugó la final de la Leagues Cup. Un torneo que fue pensado para que se enfrentaran México y Estados Unidos terminó convirtiéndose en una final mexicana. Y no sólo eso, los cuatro semifinalistas fueron clubes de la Liga MX: Monterrey, Toluca, América y León.
La inversión de la MLS es de millones y millones de dólares, sus estadios se llenan, venden mercancía a manos llenas y cuentan con figuras internacionales. Pero este año, cuando llegó la hora de competir en los partidos importantes, no respondieron.
El América obtuvo el cuarto lugar de la Leagues Cup, sí, el cuarto. El equipo más ganador de México terminó fuera del podio al perder por 1-0 frente al León, en el partido por el tercer lugar. Pero el verdadero problema del América no es terminar cuarto en la Leagues Cup, es que este resultado vuelve a exhibir que cuando las Águilas salen de México para jugar torneos internacionales dejan de parecer el club que conocemos. En casa son un equipo y fuera de casa son otro. Un equipo verdaderamente grande no puede depender de jugar en su estadio para ganar. El fracaso es hacerse pequeñito cuando el partido exige demostrar que eres grande.
Hablando de la final, no hubo un Messi ni una estrella de futbol que se robara los reflectores. Fueron dos equipos mexicanos hablando por sí mismos. Fue una final especial porque la competencia se diseñó para medir dos ligas y terminó siendo incómoda para la MLS y enalteciendo al futbol mexicano.
El Toluca llegó a la final después de eliminar al León por 2-0. Además, recientemente conquistó la Copa de Campeones de Concacaf. Al Monterrey le costó mucho más trabajo colarse a la final. En el partido frente al América, ambos clubes estuvieron muy parejos y, por momentos, parecía que Rayados sería eliminado.
Los Diablos llegaron a la final eliminando a equipos fuertes, superando momentos complicados y mostrando personalidad y protagonismo. En la final lo volvieron a demostrar, terminaron imponiéndose con dos goles que les dieron el título de campeones.
Hay una comparación que resulta inevitable: los extranjeros del Toluca fueron mejores que los extranjeros del Monterrey. El conjunto de los Diablos encontró en sus extranjeros experiencia y capacidad para aparecer cuando más se necesitaba. Rayados, en cambio, no encontró la misma respuesta en sus figuras.
Toluca es peligroso porque tiene una columna vertebral que funciona. Pereira, Romero, Viñas y Helinho forman una estructura que le permite competir, generar peligro y mantener el equilibrio en los momentos más complicados. Son jugadores que tienen talento.
Monterrey tiene mucho que trabajar, especialmente en su defensa. En una final, esos detalles terminan marcando la diferencia. Un equipo que aspira a ganar títulos no puede conceder tantas facilidades.
Pero hay un nombre que merece todo el reconocimiento: Antonio Mohamed. El Turco volvió a demostrar por qué es uno de los técnicos más importantes que ha tenido el futbol mexicano en los últimos años. Mohamed sabe ganar, pero, sobre todo, sabe competir y entiende cómo se juegan los partidos importantes. Con su gran experiencia y jerarquía, les dio a sus jugadores algo muy valioso: confianza y paciencia para no desesperarse.
Mientras América terminó cuarto, Toluca es campeón. Y esa comparación hace todavía más evidente el contraste entre ambos proyectos. América tiene una plantilla acostumbrada al protagonismo y un fuerte presupuesto. Toluca, en cambio, llegó a Estados Unidos con menos ruido y terminó llevándose el trofeo.
Antonio Mohamed tiene una larga lista de equipos a los que consiguió convertir en campeones y, ahora, vuelve a hacerlo con el Toluca. Este triunfo no es un trofeo más para él, es la prueba de que su nombre ya está escrito en la lista de los mejores técnicos que han pasado por la Liga MX.
Toluca es campeón. Mohamed ya es leyenda.
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