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¡No me ayuden, compadres!

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Chihuahua capital está cambiando. Basta con recorrer algunas de sus principales vialidades para darse cuenta de que, más allá de los discursos y las diferencias políticas, hay obras que difícilmente podrán pasar desapercibidas. Durante los últimos meses se han inaugurado dos de las principales soluciones viales de la actual administración municipal: el paso superior de la carretera a Aldama y avenida Fuerza Aérea Mexicana, y los puentes de la vialidad Los Nogales y avenida de las Industrias. No son obras menores, son proyectos construidos en algunos de los puntos donde durante años miles de automovilistas perdieron tiempo, combustible y paciencia. Publicidad El paso superior de la carretera Aldama y Fuerza Aérea, representó una inversión de 148.8 millones de pesos. El Municipio estima que esta obra beneficiará a más de 350 mil personas que utilizan ese corredor y reducirá de manera importante los tiempos de espera. En el norte de la ciudad, el paso superior de avenida Los Nogales y De las Industrias, constituye otra de las grandes apuestas de infraestructura. Según el Gobierno Municipal, la nueva solución vial puede reducir hasta en 80 por ciento los tiempos de espera en ese crucero. A estas obras se suma la gaza de incorporación que conectará la avenida Teófilo Borunda con el Periférico de la Juventud, en la zona de El Reliz, la que será, probablemente, uno de los proyectos más visibles de esta administración una vez que concluya. La estructura o puente colgante contempla más de 700 metros de intervención y una compleja estructura metálica con tirantes de acero. Su costo supera los 395 millones de pesos y busca resolver uno de los principales problemas de movilidad en la zona poniente de la ciudad. Publicidad A ello habría que sumar otros proyectos que forman parte del balance presentado en el Segundo Informe de la actual Administración de Marco Bonilla: el avance de la Comandancia Oriente, la entrada en operación del Distrito Policial León, la modernización del alumbrado público con tecnología LED, el Centro Integral de Protección Animal y distintos programas de atención social y rural. También están proyectos como el Polideportivo, una de las obras que tiene ya un impacto muy importante para las familias de la capital. Sería absurdo negar que Marco Bonilla tiene obras que mostrar, como también sería un error afirmar que todos los problemas de Chihuahua capital han sido resueltos. La inseguridad sigue siendo una preocupación; el crecimiento de la ciudad genera nuevas necesidades, existen problemas de movilidad que todavía requieren soluciones y hay zonas que siguen esperando mejores servicios, incluso en pleno Siglo XXI, existen en nuestra ciudad cientos de kilómetros en calles sin pavimentar. Pero una cosa parece evidente: el actual presidente municipal entregará a su partido un activo político importante. Las obras más vistosas están ahí. Los ciudadanos pueden verlas, utilizarlas y, por supuesto, juzgar si consideran que han mejorado su vida cotidiana. Publicidad Sin embargo, aquí es donde comienza otra historia. El PAN parece entrar a la sucesión municipal con varios personajes interesados en obtener la candidatura. Algunos se han movido más que otros, algunos tienen mayor trayectoria y otros cuentan con una presencia política importante. La competencia interna es natural. Los partidos políticos existen precisamente para competir y una candidatura importante difícilmente se define sin aspirantes. El problema es que en las últimas semanas han comenzado a percibirse más tensiones, mensajes, ataques y un creciente golpeteo político entre distintos grupos. Las redes sociales se han convertido, como ocurre cada vez con mayor frecuencia, en uno de los principales escenarios de esta batalla. Y ahí el PAN debería tener cuidado porque existe un riesgo que, quizá, algunos de sus integrantes no están viendo con suficiente claridad, y es confundir la fortaleza actual con una victoria garantizada. Chihuahua capital ha sido durante años uno de los principales bastiones electorales del panismo. La ciudad tiene un peso político y electoral enorme, no solamente para elegir a su presidente municipal, sino también para definir el rumbo de una elección estatal, de ahí la importancia por la capital. La historia electoral ha demostrado que los resultados obtenidos aquí pueden tener consecuencias mucho más allá de los límites del municipio. Por eso resulta difícil entender que algunos actores políticos puedan comportarse como si la próxima elección ya estuviera 100% resuelta. No lo está. Es cierto que una buena administración puede ayudar a un partido. Las obras pueden convertirse en argumentos y los resultados pueden generar confianza, pero ningún puente vota. Tampoco vota una gaza de incorporación. Ni el alumbrado público, ni una nueva comandancia, ni el Polideportivo: votan las personas. Y las personas no solamente observan lo que hizo quien termina su administración. También observan a quienes quieren ocupar su lugar. Observan cómo se comportan, pero también si son capaces de construir acuerdos. Observan si ponen el interés de la ciudad por encima de sus ambiciones personales y sobre todo, observan qué ocurre cuando llega el momento de competir. Morena todavía tendrá que definir quiénes serán sus candidatos y sería un error subestimar la capacidad de cualquier partido político antes de que siquiera comience formalmente la campaña. La política mexicana ha demostrado demasiadas veces que las elecciones pueden cambiar rápidamente. Por eso el PAN no debería cometer el error de pelear una elección interna como si no tuviera adversarios afuera. Marco Bonilla está dejando obras muy importantes y una administración con resultados que su partido seguramente utilizará como parte de su argumento rumbo a 2027. Ése es un activo político real. Pero de poco servirá entregar seis puentes o más, nuevas vialidades y proyectos que transformen la ciudad si quienes aspiran a sucederlo terminan convenciendo a los ciudadanos de que son incapaces de ponerse de acuerdo. Los puentes no ganan elecciones, por eso quizá algunos panistas deberían detenerse un momento a observar lo que tienen. La ciudad ha recibido inversiones importantes. Hay obras visibles y proyectos que todavía están en proceso. Marco Bonilla tendrá resultados que defender y el PAN cuenta, al menos por ahora, con una posición política importante en la capital del estado. Pero nada de eso significa que la elección esté ganada. En política, la soberbia siempre es una mala consejera y las victorias que parecen seguras, son, precisamente las que pueden producir las mayores sorpresas. Pero hay algo que ningún informe puede resolver: la unidad. Los más movidos parece que están olvidando que al final ningún partido pierde solamente cuando su adversario hace una buena campaña. A veces pierde cuando, convencido de que nadie puede derrotarlo, comienzan a hacerlo desde dentro con su propia militancia. Nada está ganado.
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