De vez en cuando lo que se observa no es lo que parece, puede pasar, pero lo cierto es que casi siempre las cosas y los hechos son lo que parecen. La concentración del miércoles en Iruña y alguna otra localidad navarra –las hubo también en todo el Estado–, en apoyo a Ceuta no fue un acto de apoyo a los ciudadanos ceutíes, ese argumento no se lo creen ni los convocantes, sino que fue un acto contra el Gobierno de Sánchez y aquí además contra el Gobierno progresista de Chivite con PSN, Geroa Bai, Contig-Zurekin y el apoyo de EH Bildu.
Tampoco fue una concentración de la ultraderecha. En el acto, como en la villa del Señor, había ciudadanos y ciudadanas alineados con las tesis conservadoras de partidos como UPN y PP y también los había que no podían ocultar sus posiciones exaltadas y fanatizadas próximas a Vox y otros grupúsculos de extrema derecha que han ido surgiendo a su alrededor los últimos años. De hecho, uno de esos grupos desconocidos, Movimiento Cívico del Pueblo, fue el que lideró la pancarta que presidió el acto y el que acaparó el protagonismo.
Sin olvidar que en esa concentración además de los insultos habituales como principal argumento se agredió a periodistas tratando de impedirles el ejercicio del derecho a la información. Es lo que parece, fascismo. Fue así y fue lo que parece, lo disimulen como lo disimulen o lo llamen como lo llamen. El pistoletazo de salida a unos meses de pre campaña electoral que en Navarra tendrán una cita en mayo en las urnas para elegir nuevo Parlamento y nuevos ayuntamientos y antes o después también comicios para renovar el Congreso de los Diputados.
Fue el primer paso de las derechas en la batalla por el control del relato. Quizá ahí es donde más complejo aparece el panorama en la política navarra entre la actual mayoría y las fuerzas de derecha y extrema derecha que aspiran de nuevo a recuperar el control de las instituciones forales tras tres Legislaturas en la oposición. No lo tienen fácil pese al desgaste de la acción de gobierno, más aún estos dos últimos años, y las polémicas por los presuntos casos de corrupción que han salpicado a altos dirigentes del PSOE, entre ellos el navarro Santos Cerdán.
Las fortalezas de la actual mayoría política, tanto en la gestión como el modelo socioeconómico y político que ofrecen a las navarras y navarros, son mayores que las carencias, pero aún así deberán ser capaces de trasladar a la sociedad navarra los logros y avances de su trabajo. Pero tampoco lo tienen en fácil en un tiempo en el que el barullo, la tensión, los bulos y la desinformación, acompañados de una indisimulada estrategia judicial, traban cualquier atisbo de debate y acercamiento político.
El control del relato pasa, además, por responder con voluntades democráticas legítimas y suficientes a las soflamas inmovilistas y los discursos del odio. También de revisar el orden de prioridades de las políticas para evitar el regreso a los desequilibrios económicos y sociales viejos y nuevos y a sus consecuencias y seguir impulsando en Navarra la democracia como alternativa al sálvese quien pueda, que asiente de forma estructural la cohesión y equidad de la sociedad como mejor fórmula de estabilidad y de convivencia. Lo que auguran otros caminos es involución democrática, centralismo con el Fuero, caos, guetos y miseria.
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