Corazón partido - Imagen generada con IA - CANVA
Me pregunto si seguimos teniendo corazón, y si lo tenemos, en qué estado se encuentra este septiembre: ¿partido?, ¿chamuscado?, ¿destrozado?, ¿muerto? ..., porque según cómo esté, no lo cura ni Dios. Es probable que, al corazón sensible, el de chicha de buena calidad, no le pase nada, sino que ha decidido permanecer en un estado de hibernación, de coma, que le permite sobrevivir manteniéndose a salvo de los depredadores de estos tiempos convulsos en los que estamos viviendo.
Chequéalo. Ponte la mano en el pecho, con tranquilidad, sin miedo, tu corazón se merece que lo escuches, te tiene a ti para protegerlo. ¿Notas algo? Estoy seguro de que sí. Está latiendo, a veces tranquilo, a veces presto, pero está aleteando, intentando alejarse de las llamas del infierno, porque, ¿no es un infierno lo que estamos viviendo?, ¿vas a permitir que sufra el bien más preciado que te da la vida? Tu obligación es protegerlo, aunque solo sea porque sin corazón no eres nadie, no eres nada.
El corazón, de quien lo tiene, porque de no tenerlo haylos, sobrevive gracias al afecto que recibe del que lo lleva dentro, de los seres queridos y del amor incondicional que le tuvieron los que ya están muertos. En ese espacio íntimo coletea feliz, despreocupado, sin tener cada dos por tres que recuperar el aliento. Estoy convencido de que habrá disfrutado estas vacaciones, que lo seguirá haciendo los fines de semana echándose a la mar, al monte o quedándose en casa leyendo un libro, poniendo en valor la amistad, la cena familiar, el lecho deshecho o al llevar a los niños al colegio.
No, no está el corazón partido, por lo menos del todo. Se ausenta del alboroto que lo envuelve y lo machaca veinticuatro horas por minuto. ¿Alboroto? Bueno, veintitrés agresiones sexuales en Ceuta en pocos días, no es para estar orgullosos y contentos de cómo va la fiesta; aprovechar esta crisis migratoria para sacar rédito político, no dice mucho a favor de estos mediocres aspirantes al poder; cinco años de guerra en Ucrania, más tiempo de lo que duró la Segunda Guerra Mundial, no es para echar flores, excepto en las cunetas y a los pies de las lápidas en los cementerios; el genocidio que está llevando a cabo el desalmado Netanyahu, en la tierra que se ha prometido para sí mismo, Palestina, y los numerosos asentamientos en tierras ajenas durante más de cincuenta años, están superando las atrocidades cometidas por los nazis… A trancas y barrancas el corazón, incluso partido, sigue latiendo.
Es posible que, a estas alturas del artículo, su corazón haya optado por un recogimiento preventivo o una hibernación temporal o definitiva. Esto, solo ha sido una pequeña pincelada, aún así, el corazón pide un descanso, lo hacemos, pero de vuelta al trabajo con el ánimo renovado y la esperanza del cambio, no queda más remedio que insistir en ello. ¡Ojo al dato!, como diría el legendario periodista deportivo Jose María García, si además de nuestro corazón nuestro cerebro se inhibe, estaremos asegurándonos una plaza, en platea, en el teatro del averno. El cerebro que reflexione, que para eso lo tenemos.
Lo hace, y nos dice que mucha culpa de que el corazón esté partido la tienen los pirómanos de la convivencia. Encienden una cerilla, la chispa se convierte en fuego y el fuego arrasa con todo lo que se encuentra en el camino, más rápido si ayudan los vientos adoctrinados, venidos de los cuatro puntos cardinales para hacer cardenales. En estos tiempos los pirómanos sociopolíticos florecen como las amapolas en primavera, tiñendo los suelos patrios de un rojo fuego que divierte a los afines, pero, a diferencia de las amapolas, el pirómano no pierde color y compostura, se crece y se introduce sibilinamente en tu mente, anestesia tu corazón, y se convierte en 'ocupa'. Ya no eres dueño de tus actos, te ha convertido en un pelele que baila a su antojo.
Un ejemplo de ocupa invasor lo tenemos con el pirómano americano, Trump o 'Trampantojo', si lo prefieren. Lleva acumulando cerillas en su bolsillo desde que su madre procedió al destete y desde entonces, lleva encendiendo una tras otra, y lo seguirá haciendo hasta que la muerte lo lleve a su lado. Dejando a un lado la guerra del Golfo, «¡hay que ser golfo para montar y mantener esta guerra!, me digo», vayamos a algunas de las cerillas encendidas. Una, fue para provocar un incendio con el tema de los aranceles; otra, fue desprestigiar sin sonrojo los premios Nobel, autoconcediéndose el Nobel de la Paz; una más, desvalorizando a la ONU y creando una Junta de Paz para continuar con la guerra; las burlas al Papa, las amenazas a España, a Groenlandia, a Canadá… hasta cambiar el nombre del lago Ontario. Todo ello, en su conjunto y por separado, nos da una idea de su trayectoria. Si yo fuese miembro de la Fundación Nobel, le daría, este próximo octubre, el Novel de 'Piromanía'. Tengo el corazón contento, cantará y bailará en el próximo Tik ToK que cuelgue en las redes imitando a Marisol. Dice mi cerebro que el que haga seguidismo de este despojo, debe ser imbécil, un necio, un estúpido. «Este pirómano me ha encendido un poco, me digo, me calmo y sigo».
Por desgracia no todos los incendios los provoca 'Trampantojo', hay muchos aspirantes al Nobel de esta disciplina, que, con las cerillas preparadas, intentarán provocar incendios terribles. En el terruño patrio tenemos al pirómano Abascal que anda encendiendo cerillas con la xenofobia, la 'guerra' contra Marruecos, las querellas judiciales… y todo ello, a plena luz del día y con el 'cara al sol'. Lo de Feijoo, diría que se trata de un estudiante de piromanía, enciende la cerilla, después la apaga, enciende otra, prende y extingue el fuego al mismo tiempo. Diría que, a diferencia de Abascal, pone poco 'huevo' en el empeño. Sigamos. A la Noguera, le mueven las cuerdas desde la Casa de la República y no se puede descartar que, en cualquier momento saque la cerilla, la encienda, sin saber, bien bien, si tirarla a la derecha o a la izquierda. La Belarra, dando la tabarra con sus complejos identitarios políticos y profiriendo amenazas '¡A ver si la enciendo!', sin saber, bien bien, que le conviene quemar para mantenerse en el escaño. La alcaldesa Orriols, con sus complejos identitarios xenófobos, 'pureza de la raza', 'antiinmigración', su disposición a quemar 'Coranes' si osan los malvados musulmanes poner un pie en 'su patria'. Podría seguir, pero tendría que hacerlo por capítulos.
'Por si fueran pocos, parió la abuela'. También hay pirómanos fuera del hemiciclo, autónomos con carné de afiliación a uno u otro equipo y sueldazo pagado por vete tú a saber quién. Algunos, los peones, con banderines, en autobús, con bocata incluido; otros, los que te chupan la sangre, acudiendo a las convocatorias en yates , con jolgorio a bordo para amenizar el viaje; pseudoperiodistas, difundiendo bulos, micrófono en mano y con una cara más dura que el cemento armado. Por sus quehaceres, algunos fueron juzgados y condenados, como Eduardo Inda, Vito Quiles, Alvise Pérez… Y me pregunto, ¿tienen corazón o un contador de dinero?
¿Quién nos va a curar el corazón partido? Primero debemos hacernos una radiografía torácica. Si está partido del todo, estamos muertos. Si está partido, pero late, centremos la atención en la familia, los amigos, las vacaciones, leer el TBO, olvidarnos de las necedades del pasado y del presente. Otra opción es poner en los balcones 'flores del viento' y soñar con un nuevo renacimiento. Si somos incapaces de hacerlo, lo mejor es la hibernación y que nos despierten quién sabe cuándo y en qué universo. Para los que se sientan capaces de extinguir los fuegos, les recomiendo que pidan en alguna de las tiendas Online un buen traje de bombero, les va a hacer falta.
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