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Jorge Alessandri

4 de septiembre: aquello que nos une

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El 4 de septiembre de 2022, más de 13 millones de compatriotas concurrimos a las urnas teniendo ante nosotros una decisión que comprometía el destino de Chile. Debíamos resolver si el país que habíamos heredado de nuestros padres y abuelos —y que generaciones enteras habían contribuido a construir— seguiría siendo la nación que conocíamos y de la cual nos sentíamos orgullosos o si, por el contrario, sería reemplazado por una concepción radicalmente distinta. La izquierda, que obtuvo mayoría en la elección de constituyentes sometió al país una propuesta de nueva Constitución que, de aprobarse, suponía dejar atrás la identidad de Chile como una sola nación. Si Gabriela Mistral, en su poema Tierra chilena, retrató la raíz común de nuestra identidad: «Su polvo hizo nuestras mejillas, su río hizo nuestro reír», la propuesta constitucional avanzaba precisamente en la dirección contraria, ya que, frente a esa imagen de una patria compartida, se definía a Chile como un Estado plurinacional. Dejábamos de ser una sola nación, encontrando así, la concepción de país que inspiró a buena parte de la Convención Constitucional, una de sus expresiones más nítidas. Si desde niños aprendimos con orgullo que Arturo Prat, dispuesto a sacrificar su vida por la patria, arengó a sus hombres antes de abordar el Huáscar: «Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea esta la ocasión de hacerlo», durante el proceso constituyente en cambio, escuchamos a los propios autores de aquella propuesta advertirnos que nuestro himno nacional generaba división y que no debía sorprendernos si alguien planteaba incluso cambiar nuestra bandera. Había en esas expresiones un profundo rechazo hacia símbolos patrios que, por generaciones, habían contribuido a representar una historia y una identidad compartida. Podrían sumarse muchos otros ejemplos, pero los anteriores bastan para dimensionar la disyuntiva que enfrentamos aquel 4 de septiembre de 2022: preservar la idea de una nación común, la de un Chile construido con esfuerzo, capaz de superar enormes dificultades y de convertirse, en muchos ámbitos, en un referente para el mundo; o aceptar una concepción fragmentada del país y abandonar aquello que, pese a nuestras legítimas diferencias, nos había permitido reconocernos como integrantes de una misma nación. El 62% escogió aquello que nos une por sobre la propuesta refundacional de la Convención Constitucional. Aquel día, una amplia mayoría decidió que Chile era y debía seguir siendo una sola nación; que nuestras diferencias no eran mayores que todo aquello que compartimos y que, en definitiva, valía la pena perseverar en el camino que permitió que, desde fines de la década de los ochenta hasta la fecha, más de cinco millones de personas salieran de la pobreza. Transcurridos 4 años desde aquel suceso, el mensaje entregado por los chilenos adquiere una particular claridad. Ningún país puede construirse a partir de aquello que lo divide, y cuando la lógica de la división vuelva a arremeter y se pretenda nuevamente anteponer aquello que nos separa por sobre todo lo que compartimos, detengámonos a mirar aquel 4 de septiembre de 2022, pues ahí se encuentra el camino que Chile debe seguir. Por Jorge Alessandri, presidente de la Cámara de Diputados.
4 de septiembre: aquello que nos une
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