Historias de NegoCEOs
Mario Maldonado
Los elogios de Estados Unidos a Omar García Harfuch comienzan a tener un efecto paradójico: fortalecen al secretario de Seguridad frente a Estados Unidos y, al mismo tiempo, le complican la vida dentro del gobierno mexicano, específicamente entre los grupos más radicales de la 4T. Lo que para la DEA, el FBI, la CIA y otras agencias y entidades estadounidenses es una señal de confianza, en algunos sectores del oficialismo empieza a leerse como una incómoda diferenciación política.
La relación de Harfuch con el aparato de seguridad estadounidense atraviesa probablemente su mejor momento. Terry Cole, administrador de la DEA, lo ha llamado 'socio de confianza' y 'buen amigo de Estados Unidos', además de reconocer públicamente el intercambio de información y la cooperación entre ambos países.
Los resultados explican parte del entusiasmo. La colaboración de inteligencia ha permitido capturas, aseguramientos, golpes financieros y operaciones contra laboratorios de drogas sintéticas. Sin embargo, esa cooperación no pasa únicamente por Harfuch. Participan la Defensa, encabezada por el general Ricardo Trevilla Trejo; la Marina, a cargo del almirante Raymundo Morales, y otras instituciones del Estado mexicano.
El problema es que cuando Washington reparte reconocimientos, el nombre que aparece una y otra vez es el de Harfuch. Eso ha profundizado fisuras que ya existen en el gabinete de seguridad, particularmente entre Seguridad y Defensa.
Harfuch se ha convertido en el interlocutor civil privilegiado de Washington y en el funcionario mexicano con mayor reconocimiento entre las agencias estadounidenses. Para éstas representa algo especialmente valioso: alguien con quien pueden intercambiar inteligencia y obtener resultados.
La posición le rinde frutos. Gobernadores de Morena y de oposición recurren a él para atender sus problemas de seguridad; las agencias estadounidenses lo consideran un interlocutor confiable y la presidenta Claudia Sheinbaum le ha entregado un margen importante de operación y es, probablemente, su funcionario más eficiente. Pero esa acumulación de confianza también genera anticuerpos.
En el obradorismo más duro nunca ha gustado la cercanía con las agencias estadounidenses. El grupo más radical de la 4T, donde gravitan personajes como Jesús Ramírez, los Batres,
los moneros e ideólogos como Rapé y Pedro Miguel, y ahora también Andrés Manuel López Beltrán, observa con recelo una cooperación que considera excesiva. Mucho más cuando la DEA no habla genéricamente del gobierno mexicano, sino que personaliza sus elogios en Harfuch.
Por eso tampoco fue casual que Sheinbaum saliera a defender públicamente la unidad de su equipo. La presidenta ha acusado a Estados Unidos de recurrir a una vieja práctica: hablar bien de unos funcionarios y mal de otros para provocar divisiones internas. Aseguró que existe coordinación entre Trevilla, Morales y Harfuch y rechazó cualquier intento de enfrentar a los integrantes de su gabinete.
Sheinbaum tiene algo de razón. En Washington conocen perfectamente el efecto político que produce cada elogio, filtración o señalamiento. Y con Donald Trump en la Casa Blanca, la seguridad, el narcotráfico y la frontera son además instrumentos de presión en la relación bilateral. Sería ingenuo pensar que la DEA desconoce lo que provoca en México llamar repetidamente a Harfuch 'amigo' y 'socio de confianza'.
Pero hay otra realidad y es que esos reconocimientos no fueron solicitados por México ni fabricados por el propio secretario, sino que reflejan una relación operativa que funciona. El problema para Sheinbaum es administrar ese éxito sin permitir que se convierta en una fractura dentro de su gobierno y de Morena.
Hay además una lectura de mayor alcance. Estados Unidos parece estar enviando señales sobre el tipo de liderazgo mexicano con el que se siente cómodo hacia el futuro. Eso no significa que Washington haya elegido candidato presidencial ni que esté en condiciones de hacerlo, pero sí permite identificar preferencias.
Y el perfil de Harfuch claramente les gusta: moderado, pragmático, técnico, eficiente, alejado de la retórica antiestadounidense y con interlocución tanto con Morena como con gobernadores y políticos de oposición. Es, en muchos sentidos, lo contrario al ala más ideologizada de la 4T.
Estados Unidos tiene además su propio calendario. En noviembre vienen las elecciones intermedias y Trump necesita exhibir resultados contra los cárteles, el fentanilo y el tráfico de drogas. México es pieza central de esa narrativa y Harfuch se ha convertido en el rostro más reconocido de la cooperación bilateral.
Quizá por eso los elogios incomodan tanto, porque no sólo hablan del presente de la relación México-Estados Unidos. También empiezan a mandar mensajes sobre el futuro.
Posdata 1
A propósito de Omar García Harfuch, los últimos operativos contra laboratorios de drogas sintéticas volvieron a exhibir la estrecha cooperación que existe entre México y las agencias estadounidenses. Tras el aseguramiento de casi 17 toneladas de metanfetamina en Sinaloa, el secretario de Seguridad se ocupó de precisar que la operación fue encabezada por la Marina y que el resultado provino del trabajo de la Unidad de Inteligencia Naval, fortalecido con información compartida por agencias de Estados Unidos.
La DEA fue bastante menos cuidadosa con las formas. Aseguró que en poco más de una semana las autoridades mexicanas desmantelaron ocho laboratorios relevantes de metanfetamina con su colaboración y afirmó que esos decomisos no habrían ocurrido sin la inteligencia y el trabajo de investigación de la agencia estadounidense. Harfuch reparte los créditos entre Marina, Defensa, FGR y SSPC y subraya el respeto a la soberanía, mientras la DEA reivindica abiertamente el papel de su inteligencia.
Este domingo se sumó otro golpe: tres laboratorios fueron desmantelados en Guerrero y se aseguraron más de 7.8 toneladas y unos 25 mil 800 litros de sustancias y precursores químicos. En esa operación participaron Seguridad, Defensa y Guardia Nacional.
Posdata 2
Y en más sobre la relación bilateral, llamó mucho la atención la noticia de que Estados Unidos ha neutralizado unos 300 drones utilizados para actividades ilícitas en la frontera con México durante 2026, más de 100 tan sólo en agosto. El Comando Norte incluso comenzó a utilizar el sistema láser de alta energía AMP-HEL, con el que derribó 11 aparatos entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre. Del lado mexicano, la Defensa mantiene desplegados 165 equipos antidrones y comparte información con las autoridades estadounidenses.
Pero el dato más relevante está en el nivel de coordinación alcanzado. Desde febrero de 2025, militares de ambos países realizan 'operaciones espejo', con patrullajes y reconocimientos simultáneos a cada lado de la frontera. El general Ricardo Trevilla reveló además que efectivos mexicanos y estadounidenses realizan entrenamientos conjuntos para alcanzar lo que denominó 'compatibilidad operativa'. A eso se suma el acuerdo firmado en agosto que abre a México acceso a sistemas aéreos no tripulados y tecnología antidrones disponibles a través del Ejército estadounidense.
La cooperación está avanzando, por tanto, mucho más allá del intercambio de inteligencia. Y mientras la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene la fórmula de 'coordinación sin subordinación', en los hechos México y Estados Unidos están construyendo capacidades tecnológicas y operativas cada vez más compatibles. Los militares siguen actuando cada uno dentro de su territorio, pero la frontera comienza a ser vigilada como un mismo escenario de seguridad.
Posdata 3
La Secretaría de Hacienda salió a responder a The Economist justo en la víspera de la entrega del Paquete Económico 2027. La dependencia que encabeza Édgar Amador calificó como 'desactualizado' el diagnóstico del semanario británico y defendió que México mantiene el grado de inversión, que la prima de riesgo relativa se ha comprimido y que la consolidación fiscal avanza a una escala no vista en décadas. Lo cierto es que agencias como Moody's tienen a México en Baa3, apenas un escalón por encima del grado especulativo, aunque con perspectiva estable.
El choque de narrativas revela dónde está hoy la verdadera preocupación del gobierno mexicano. The Economist puso el foco en un déficit heredado de 5.7% del PIB, una deuda pública que ubica en 63% del PIB y un crecimiento cercano a 1%, además de los costos de Pemex, las pensiones y la debilidad de la inversión privada. Hacienda responde que el ajuste fiscal ya está en marcha y que el costo relativo de financiamiento frente a Estados Unidos ha bajado. En otras palabras, el gobierno quiere convencer a los mercados de que el deterioro fiscal de 2024 fue excepcional y no estructural.
La discusión llega en el contexto de la entrega del Paquete Económico 2027 este martes, el cual tendrá que demostrar con números que el déficit puede seguir bajando sin frenar más la economía y sin una reforma fiscal abierta. Ahí estará la prueba real para Édgar Amador: sostener el grado de inversión, financiar Pemex y el gasto social, y al mismo tiempo, generar suficientes ingresos.
@MarioMal
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