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Escucha el artículo. 1 min 05/09/2026 Actualizado a las 18:46h.
Recordaba ayer Camacho lo del «Seílla, las letras y el televisor» de Carlos Cano para hacer nostalgia con la anunciada muerte de la Seat. Pero el fin de la emblemática marca española no es más que un exponente extremo de la crisis del automóvil ... europeo. Las universidades del mundo estudian ahora a los tartessos de mi pueblo, que hace 2.500 años en la cumbre de su dominio hicieron un colosal sacrificio, enterraron y quemaron los pilares de su civilización en un ritual y huyeron del Turuñuelo, dejando paso libre al siguiente poder.
La automoción, durante mucho tiempo la primera industria de consumo del continente, decidió aceptar el suicidio inducido al que le invitaron los burócratas de Bruselas, sin resistencia, abandonando una tecnología segura, próspera, eficiente y sostenible. No lucharon y optaron por retraerse, creyéndose las promesas falsas de nuevas riquezas por inventar.
La Sala de Máquinas del director
Hoy, los coches eléctricos chinos avanzan por nuestras carreteras y pueden acabar controlándolas, porque un coche eléctrico transporta igual y sirve para lo mismo que uno de combustión, pero –como el hielo y la nevera– son dos productos radicalmente distintos. La industria europea aceptó inmolarse y también un día se estudiará en las universidades del mundo.
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El fin de la Seat
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