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Por qué insistir en la intemperie

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Escribir en el Perú, gestionar la belleza en un país propenso a la indiferencia, es un acto de fe o una bella demencia. Cuando fundé la Primavera Poética que, gracias a los ángeles de la poesía, este año celebra su décima tercera edición, no lo hice para buscar el aplauso ni el confort de los escritorios; lo hice porque entiendo la gestión cultural no como un oficio burocrático, sino como una trinchera, un puente sobre el abismo donde las voces de todos los idiomas pueden, por fin, reconocerse y dialogar. Organizar un festival de esta envergadura en tiempos de orfandad institucional, salvo excepciones como la gerencia de cultura de la Municipalidad de Lima, es un desafío. Sin embargo, cada delegación que llega, cada poema que quiebra el aire de Lima, justifica el insomnio y la tensión. Nos dedicamos a esto porque la poesía es una urgencia social, un mapa de resistencia. La Primavera Poética nació para descentralizar la palabra, para arrancarla de los círculos herméticos o marginales y devolverla allí donde la sensibilidad es el único pasaporte válido. Nadie camina este sendero a ciegas. En mi genealogía habitan paradigmas tutelares que alumbran cada decisión. Pienso en la estatura ética e intelectual de Omar Lara un constructor infatigable cuya capacidad para defender la libertad es un faro ineludible. De él aprendí que el gestor debe ser un militante de la memoria, un articulador generoso que antepone la vigencia del colectivo al brillo individual. Asimismo, me guían los pasos de Arturo Corcuera, por su deslumbrante capacidad para fundir la palabra con la solidez la acción: 'la cultura es un territorio total y sin fronteras', repetía. Y, por supuesto, la impronta de mi equipo, cuya lucidez y rigor me enseña a habitar el canto desde la honestidad más profunda, sin concesiones al mercado ni a la frivolidad pasajera. Mi equipo sabe que la cultura no se gestiona para el presente, sino para ganarle terreno al silencio del futuro. Llegar a esta décimotercera edición es confirmar que la persistencia tiene sus frutos. La Primavera Poética ya no es un sueño personal; es una realidad compartida, un espacio de resistencia lírica que demuestra que, a pesar de las crisis y la desidia, la palabra es el fuego donde la humanidad se congrega para no morir. Seguimos aquí con la obstinación del primer día. Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.
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