Las billeteras se abren con mayor facilidad para pagar cuando la tentación aparece. Si un alfajor industrial cuesta entre $1.000 y $2.200, el consumidor está dispuesto a pagar entre un 127% y un 400% más. La mayoría de los consultados coincidió en que pagaría hasta $5.000 si un alfajor se viera lo suficientemente rico. Respecto a la identidad local del producto, el consenso es indiscutible: el dulce de leche no puede faltar y ninguna alternativa está a la altura para reemplazarlo. Pero, si se habla de un producto autóctono, la imaginación no arroja demasiados ingredientes. La miel de caña o el membrillo aparecen, para unos pocos, como el relleno que no puede estar ausente en la provincia. En definitiva, un alfajor puede salvar desde un postre hasta una noche de soledad, pero si es uno con cobertura de chocolate y abundante dulce de leche, los tucumanos quedan satisfechos.
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