EL

Elisardo Becoña Iglesias

En torno a la envidia y el caso de los marcos gallegos

Image
Vista rural de Galicia (A Estrada), casa con fincas MARCOS MÍGUEZ La envidia es uno de los siete pecados capitales. Ello es un buen indicador de la relevancia que ha tenido a lo largo de miles de años de historia. Hoy, como ayer, sigue entre nosotros. Si tiene dudas, fíjese en aquellos que desean lo ajeno, lo del vecino, lo de otros. En nuestro entorno, si somos sagaces, pronto identificaremos a varios envidiosos. No son capaces de contenerse. En Galicia, como en otros lugares, la envidia ha tenido, y sigue teniendo, una gran importancia. En la denominada cultura tradicional gallega, que fue la cultura de nuestros padres y abuelos, la envidia tenía un lugar central, como ocurre en las sociedades agrícolas, que era la que predominaba hasta hace poco. En Galicia se unían el peso tradicional que tenía en términos antropológicos la casa, con toda sus implicaciones económicas y sociales, como la familia, las buenas o malas cosechas, privaciones, enfermedades no previstas, desgracias familiares, la emigración, problemas con el vecino, considerar que se tiene mala suerte, ver que a otros les va mejor, y así un largo etcétera. El caso de los marcos, y de su movimiento, que no es una anécdota, sino algo que sigue estando hoy presente, refleja en la práctica este fenómeno tan enraizado. Por tanto, la envidia sigue viva, con sus transformaciones y actualizaciones. Es un rasgo que nos identifica, como en muchos otros lugares de España, y de otras culturas mediterráneas. No con la intensidad de antes, pero sin capacidad de extinción, con mucha vida por delante. Lo que ha cambiado ha sido su interpretación y justificación, que se basa en algo tan sencillo, y a la vez tan complejo, como que a otros les va bien y al envidioso no, o interpreta que a él le va mal, o que no hay derecho de que al envidiado le vaya bien. Para ello busca todo tipo de explicaciones. La mayoría de ellas ni son racionales ni se basan en la evidencia. Pero le sirven para justificarse, para tener una explicación coherente cuando se compara con otros, porque considera que a estos les va mejor, que triunfan, que consiguen sus metas, o que son felices. Y que él no es capaz de serlo. Estamos ante un fenómeno de comparación, interpretación y frustración. Los que están todo el día envidiando a otros sufren. Sufren mucho. No logran ser felices. Frecuentemente, su vida es un sinvivir. Pero todo cambia si al envidiado le va mal. Es el triunfo del envidioso. Lo que el envidioso debe hacer para superar su problema es, primero, analizar, y luego reconocer que lo es, fijándose en sus pensamientos, creencias, comportamientos y lo que expresa de su envidia hacia otros. Porque una envidia, mantenida en el tiempo, le carcome y se siente infeliz, haciendo que sea cada vez más y más envidioso. Amargarse la vida sin necesidad es una enorme estupidez. Elisardo Becoña Iglesias es catedrático de Psicología Clínica de la USC
En torno a la envidia y el caso de los marcos gallegos
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.