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Juan Virgilio Márquez

Juan Virgilio Márquez: Eólica marina: España no puede permitirse llegar tarde

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Nuestro país lleva dando pasos en la buena dirección para sentar las bases de esta tecnología desde hace casi 20 años. La aprobación de los ... Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) ha permitido identificar las zonas en las que puede desarrollarse la eólica marina, compatibilizando esta actividad con los distintos usos del espacio marítimo. A ello se suma un sector industrial y tecnológico preparado, empresas españolas con amplia experiencia internacional, una sólida cadena de valor con instalaciones de investigación y desarrollo envidiables y unas condiciones naturales excepcionales para aprovechar el recurso eólico marino. Ahora es necesario completar este camino con el siguiente paso urgente: convocar la primera subasta de eólica marina y ofrecer a promotores e inversores un horizonte claro y previsible. La urgencia no responde únicamente a los objetivos de descarbonización. El mundo en el que se diseñaron buena parte de nuestras políticas energéticas ha cambiado profundamente. La guerra de Rusia contra Ucrania puso de manifiesto la vulnerabilidad que supone depender de terceros países para garantizar el suministro energético. Las tensiones comerciales y tecnológicas entre grandes potencias, la competencia entre Estados Unidos, China y Europa por atraer inversión y capacidad industrial, la concentración de determinadas cadenas de suministro estratégicas y la inestabilidad en regiones clave para los mercados energéticos han situado la seguridad energética y la autonomía estratégica en el centro de la agenda internacional. El actual conflicto en el Estrecho de Ormuz no hace sino ratificar la idea de que, cuanto más dependamos de lo fósil, más vulnerable será nuestra economía, seguridad y estado de bienestar. Un claro ejemplo es el archipiélago canario, que depende en más del 80% de fuel y gas importado para poder garantizar su seguridad de suministro eléctrico, lo que conlleva múltiples riesgos para su progreso y desarrollo económico y social. Aquí, la eólica marina es la única solución viable a escala suficiente. Producir energía autóctona ya no es solo una cuestión económica o medioambiental. Es también una cuestión de seguridad y de protección social. Y la eólica marina ya desempeña un papel relevante en los mercados en los que opera: un escudo frente a amenazas y un motor de desarrollo socioeconómico. Por sus características, permite aprovechar un recurso renovable abundante y estable en grandes cantidades, diversificar el mix energético con instalaciones que proporcionan estabilidad del sistema y garantizar unos costes energéticos que no dependen de decisiones políticas tomadas en geografías extranjeras. Pero, además, ofrece una oportunidad industrial de primer orden: alrededor de un proyecto offshore se pueden transformar regiones enteras. Se moviliza ingeniería, construcción naval, puertos, fabricación de componentes, logística, servicios especializados, digitalización y empleo altamente cualificado. Y todo ello con una visión a más de 40 años proporcionando un gran y novedoso proyecto de vida para muchas comunidades locales. La inversión internacional no espera indefinidamente. Los promotores analizan continuamente los mercados y asignan sus recursos allí donde encuentran condiciones para desarrollar proyectos con seguridad jurídica, visibilidad y perspectivas razonables de retorno. En este contexto, España a día de hoy sigue fuera del mercado y necesita pasar de la planificación a la ejecución. Es urgente convocar la primera subasta en los próximos meses ya que, no es simplemente un mecanismo para adjudicar determinados proyectos, sino una señal de mercado que permita a promotores, fabricantes, inversores, puertos y proveedores tomar decisiones de largo plazo. La eólica marina requiere inversiones elevadas, planificación industrial y años de desarrollo. Para movilizar ese capital hace falta algo esencial: certidumbre. Detrás de los proyectos offshore hay empresas que llevan años trabajando, estudiando el recurso, desarrollando ingeniería, analizando las condiciones del fondo marino, evaluando impactos, calculando cadenas logísticas, y dialogando con los territorios y los usuarios del mar. Son justamente compañeros de viaje potentes que van a estructurar una cadena de proveedores impresionante en cada territorio, aportando seguridad y visión de largo plazo, asumiendo riesgos y movilizando conocimiento y recursos. Reconocer ese esfuerzo no significa ignorar los legítimos debates que existen en torno a la implantación de nuevas infraestructuras en el medio marino. Al contrario: el desarrollo de la eólica marina debe realizarse con criterios ambientales rigurosos, compatibilizando los diferentes usos del espacio marítimo y contando con los territorios y sectores afectados. Pero para avanzar hay que pasar a la fase de concreción sin la que nunca podrá haber inversión real. El diálogo técnico y científico siempre será necesario, pero no puede convertirse en una parálisis por el análisis de escenarios inabarcables y sin información de detalle que, por otra parte, no puede obtenerse sin las propias instalaciones de eólica marina. Hay que hacer camino al andar. Si queremos que España pueda generar empleo, tecnología y progreso gracias a la eólica marina hay que subirse a este tren de forma clara y urgente. Necesitamos generar actividad en nuestro propio mercado, proyectos que permitan a nuestra industria ganar escala, innovar, generar empleo y consolidar capacidades que después puedan competir internacionalmente. Por eso, convocar la primera subasta no es solamente una decisión energética. Es una decisión de política industrial, de seguridad energética y de posicionamiento estratégico. España ha hecho el trabajo de planificación necesario. Ahora debe demostrar que es capaz de convertir esa planificación en proyectos. En un contexto internacional marcado por la competencia tecnológica, las tensiones geopolíticas y la carrera por atraer inversión, esperar tiene un coste. Cada año de incertidumbre es un año en el que otros mercados que sí avanzan captan capital, proyectos, infraestructuras clave, proveedores y talento que bien podrían desarrollarse en nuestras costas. La eólica es una enorme oportunidad para reforzar nuestra seguridad energética, nuestra autonomía industrial y nuestra capacidad de competir en una economía global en transformación. El coste de no actuar es creciente en el tiempo, y destruirá empleo en el medio plazo, no sólo en la propia cadena de valor de la eólica marina, sino también en aquellos sectores que se beneficiarían de sinergias industriales y tecnológicas, así como de una mayor seguridad y autonomía energética. La ventana de oportunidad está abierta, pero no permanecerá abierta para siempre.
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