Los periodos preelectorales pueden favorecer las movilizaciones en la educación, pero no explican las causas del descontento. Tampoco parece fácil responder a ellas con los ... acuerdos parciales que están encima de la mesa y que, previsiblemente, marcarán la actualidad educativa durante las primeras semanas del curso.
Porque hay impactos sobre la escuela que empiezan a gestarse en el estrecho de Ormuz o en las calles de Ceuta y a los que la financiación autonómica -la valenciana, al menos- difícilmente puede hacer frente.
Los motivos profundos que generan el descontento, no todos recogidos en los manifiestos que alientan las protestas, son la desactualización de las retribuciones docentes, el desajuste con la realidad de algunos cambios en la normativa, el incremento desbordante de las necesidades educativas y la capacidad de presión del propio sector.
Por partes, hace años que no se tocan los salarios de los profesores y la inflación aumenta y el precio de la vivienda se dispara. A esto se suman otras mejoras laborales reivindicadas por los sindicatos y, en algún caso, conseguidas, como los 'moscosos' o la reducción en las horas de trabajo.
Por otra parte, el incremento de la inmigración -no por la inmigración misma sino por las dificultades sociales, idiomáticas y de nivel académico que la acompañan- junto con el mayor diagnóstico de las dificultades de aprendizaje exceden los saberes y trastocan la práctica en el aula del docente ordinario.
En paralelo, la Lomloe estatal y el modelo de inclusividad heredado aspiran a un idealismo, en algunas facetas, que alejan todavía más la viabilidad del día a día escolar.
Por último, de los motivos enumerados, en estas circunstancias y con este calendario, el sector es consciente de su poder de impacto social. Y lo ejerce.
Como ven, resolver todas estas causas es complicado, por lo que el objetivo en este arranque escolar es lograr la paz y no tanto la solución. Encontrar los presupuestos para aumentar sueldos, plantillas y recursos. A veces, incluso, con decisiones contradictorias que profundizan en la densidad del servicio público, es decir, más intensidad en menos horas. Ahí está el quid, que se note el aumento de calidad en el espacio común, la escuela, para que se frene la privatización del aprendizaje, en lo que depende de los posibles de cada familia. Por eso hay que estar atentos al día ocho, que conoceremos un nuevo Informe PISA.
Será el arma argumental para el campo de batalla dialéctica, pero para el ciudadano puede ser un pasmo que le cuantifiquen cuánto va peor -o mejor- la escuela que gestionan los que les piden más dinero.
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